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9.7.13

Reflexiones trascendentes tras películas intrascendentes

Fuimos a ver Los Becarios. Una película alegre. Optimista. Ideal para estos tiempos de decepciones. El cine también es un estado de ánimo y no tengo yo ahora el cuerpo para ruidos, la verdad.  

Hay algo mágico, al menos hasta mi generación, en el relato del esfuerzo y el mérito como elemento para explicar la movilidad social. Crecimos en un mundo en el que había valores que a uno lo aupaban hacia arriba. Todos habíamos emigrado y la vida era un libro abierto sobre el que ir escribiendo, cada uno con su esfuerzo, el relato que deseaba. Y es que somos, quizá, la última generación que vio brillar la luz, lejana ya, como la de una estrella de la Ilustración. 

Dentro de cincuenta o cien años, al serano, allá en Senabria nuestros nietos contarán que el abuelo, hijo de un taxista,  nieto de labradores, fue de joven a una cosa que llamaban la universidad…

14.8.12

Mihail Sebastian. La oscuridad y la lucidez


El libro de Sebastian. La necesidad de no dejarse llevar por los prejuicios, la obligación ética de no perder nunca de vista que las personas son únicas. […] “todos los juicios globales sobre una categoría de personas me aterran. Yo no soy ningún místico. Las verdades generales me dan horror. Sólo puedo juzgar caso por caso, hombre por hombre, matiz por matiz”.

Y sin embargo, es  una lucha difícil. Siempre perdemos. Es difícil mantener la sensatez en un mundo tan complejo. El autor lo reconoce: “He jugado mucho en el tablero de la lucidez y he perdido. Habrán de acostumbrarse mis ojos a la oscuridad que está cayendo […]”

PS: ayer, predicación.

13.8.12

Mihail Sebastian. Las ideologías


El libro de Sebastian. La desconfianza ante las ideologías. La necesidad de estar en guardia ante las personas que necesitan esquemas preconcebidos para moverse por el mundo. Dice el autor, en relación con el marxismo, que este sistema de pensamiento es, sobre todo “una incapacidad radical de entender la vida según otras formas”.

Frente a esto, una declaración: “Creo en una identidad humana. Creo en valores universales y permanentes. Creo en la dignidad de la inteligencia”.

Poco más que añadir. 

10.6.12

Al rescate...


Hoy que nos rescatan. Pensar en las causas. Múltiples. Difíciles de entender. Ir pensando en ellas. Por ejemplo, en los sueldos. No creo en las regulaciones. Soy un ingenuo. Lo sé. Creo en la ética personal. Creo que cuando uno trabaja en una empresa privada y genera ingresos, ha de llevarse su parte. Nada que añadir. Me alegra que el CEO de Apple sea rico. O que lo sea el de Amazon. Es su negocio. Pero cuando uno está en lo público, o en sector hiperregulados, hay que ser cuidadosos. No por la ley, qué va, esa se incumple sin problemas. Por vergüenza. Cuando uno no es capaz de explicar en pocas palabras de dónde sale el dinero que gana, no debería ganarlo. No sé qué hacía un tal Escribano, de la minúscula Caja Segovia, llevándose seis millones de euros, más de lo que la caja destinaba a obra social. ¿Le había generado tanto valor a su entidad? Se le debería caer la cara de vergüenza. Y sus  vecinos deberían señalarlo con el dedo. El tal Serra, hecho rico en un puesto al que llegó por ser político, no por su capacidad de gestión. El tal Pedroche, el tal Zapatero. Tan listo.  El tal Izquierdo, de Bancaja: no es la ley la que debe prohibir que alguien se lleve quince millones de un banco arruinado precisamente por la mala gestión. 
Debería ser su ética.
Pero de eso andamos escasos.
Todos.
Soy algo naif.
Lo sé.

1.6.12

Hay días...



Sociedades en las que se premia la pasividad. El país de los muertos. Si uno hace algo: mueve, convoca, organiza, siempre corre el riesgo de equivocarse, de no fijarse. De olvidarse. Pocas veces tiene el beneficio de la duda. Apresurarse a atribuir a la maldad lo que es un equívoco, un malentendido y, en ocasiones, simple despiste. De frente, en el lado de los dormidos, el “no” por respuesta como complemento ideal a la pasividad. El no rotundo, varonil, de quien no entiende ni el mundo, ni sus matices, ni su complejidad. El hombre ideal.

De fondo, esa diferencia esencial, que Mi General me enseñó hace décadas, que media entre contestar con un “no” a una pregunta a contestar, siempre, con un ¿Por qué no?. Un matiz inefable. Un matiz que, cuando interioricé, empezó a alejarme de mis compatriotas.

Lo que pasa es que, a veces, dan ganas de mandarlo todo a la mierda.

Sinceramente. 

15.12.10

Llegar

Llegar. Cumplir un objetivo. No es sencillo. No sólo hay que valer. Hay que tener suerte. Y hay que tener cerca a quienes creen en ti. A quienes te apoyan. Porque no todo el mundo disfruta viéndote crecer: hay gente mezquina cerca de uno que se alegra viéndolo pequeño, sabiendo que nunca se irá porque no tiene dónde. No se dan cuenta de que la verdadera libertad es poder elegir. Y ser consciente de donde te quedas. Y estar donde quieres en libertad. Una sola vida. Las personas no somos, nunca, medios para otros. Un credo liberal. Algo ingenuo, si quiere, desocupado lector. Pero no perderlo jamás de vista: somos fines en nosotros mismos; por eso, no utilizar a nadie.

Llegar. Algunos llegan. Por azar. No duran mucho. Otros llegan por dinero. A veces duran y a veces no. Pero también llegan los buenos. Los que saben. Los que valen. Los que nos hacen mejores. Los que se esfuerzan. Los que tienen aún principios y valores. A ellos es a los que hay que tener cerca, lector. Gente de la que aprender. Gente a la que conocer. Gente con la que la vida de uno no quedará a medias.



PS: "Eso del afán de superación, de la dignificación personal a través del esfuerzo, de la vida planteada como una competición en la que lo más importante era poder echar la vista atrás y pensar, orgulloso, que lo que uno veía, por suerte, era agua pasada, todo eso que para papá era esencial no casaba en absoluto con el humus que la izquierda había ido produciendo desde los tiempos de la guerra fría. […]. En las filas de la izquierda, el modelo americano no provocaba más que odio […]. Sólo el pobre merecía respeto […]. Con una condición, eso sí: que no aspirara a dejar de serlo."

Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 295