3.9.11

Escondidos...

Así llego aquel día en el que se dictó el Edicto de expulsión, que daba un plazo escaso, hasta el 31 de julio, para todos los judíos se marchasen o bautizasen. El objetivo declarado era impedir que siguieran obstruyendo la cristianización de la comunidad conversa española. El oculto, mucho más complejo. Homologar la imagen de los reinos cristianos de la península a los europeos. De fondo, la lucha por el poder de los conversos. Lo que se consiguió, en realidad, fue la permanencia del judaísmo en forma de criptojudaismo. Muchos judíos ricos se convirtieron, aunque no tenemos claras en realidad las cifras. Podía haber aún unos 100.000 judíos en España en 1492, y unos 10.000 en Portugal. Y quizá ya por entonces, unos 250.000 conversos, más o menos. Se calcula que unos 30.000 pudieron haberse convertido con el Edicto. De los que se fueron, más de la mitad es probable que se fueran a Portugal. El viaje debió de ser durísimo. Se contaba en los pueblos que se habían tragado el oro para sacarlo de España y eran asaltados en los caminos. Aparecieron judíos destripados en las cunetas. La Puebla de Sanabria era uno de los puntos de salida. Muchos debieron quedarse por estas tierras. En la frontera. Lejos de la Corona. Lejos del Mundo. Quizá protegidos. De los que pasaron al otro lado, muchos se quedaron en La Raya. Aquí no hubo frontera hasta muy tarde y hasta que llegó el Estado moderno ya en el XIX, era difícil saber quién era cada uno.

Que había judíos en la Raya era algo que muchos sabían. Y uno se encuentra con ellos a poco que lea con atención…


PS: en septiembre de 1641, poco después de empezada la guerra de separación de Portugal, las tropas de la Monarquía Católica, comandadas por el sargento mayor Arceniaga y el capitán de caballos Luis de Robles, salieron con las tropas que estaban en en Armisende y Lubián y atacaron la Moymenta, tomándolo a cuchillo y quemándolo". Los rebeldes habían tomado en agosto la villa y desde allí lanzaban frecuentes ataques tanto a la parte gallega como a la parte sanabresa. En una carta que el jesuita Diego Castilla remite a Juan Estrada, le indica que en Moimenta “los más de los vecinos se dice que eran judíos, y así habian traído todo el trato y comercio de aquel país, y por consiguiente chupaban toda la hacienda de los tristes gallegos y senabreses”.


(El pueblo portugués de Moimenta, aquel que estaba lleno de judíos, está a menos de dos quilómetros de la frontera y a unos seis quilómetros del pueblo sanabrés de Castromil).

2.9.11

Llegaron y se quedaron...

Le he cogido gusto a darle una vuelta al tema de los judíos, ahora que acaba el verano. Llegaron aquí pronto, muy pronto. La leyenda dice que diez siglos antes del nacimiento de Cristo, el Rey Salomón ya comerciaba con la mítica Tartessos. Aunque la convivencia nunca fue sencilla, ni en la época romana ni después. Pero aquí estaban: Fernando III, el santo zamorano, se intitulaba a sí mismo Rey de las tres religiones. Ya en el XIII los judíos se concentraban en los núcleos urbanos, dentro de barrios compactos; las llamadas aljamas. Hay varios equívocos en relación a ellos: los prestamistas eran minoría: la gran mayoría eran agricultores, vinateros, herreros, ejercían oficios varios que no siempre estaban relacioanados con la usura. Aún así, las actuaciones antijudías eran frecuentes. Ya dice el doctor que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio. Así, en épocas de pestes alguien gritaba siempre que los judíos habían envenenado el agua. Y en esta llegó la guerra civil entre Pedro y el bastardo. Los propagandistas de Enrique acusaron al rey legítimo de tener una administración “llena de judíos”. Cuando tomaban una ciudad, saqueaban la aljama. Aquellos años fueron destruidas varias, la de Toledo, la de Briviesca, la Aguilar de Campoó, la de Segovia, la de Ávila...

Muerto el rey legítimo, el enloquecido Ferran Martínez pudo predicar sin problemas el odio a los judíos. Así, en 1391, aprovechando la minoría de edad de Enrique III, pasó de las palabras a los hechos y lideró la destrucción de la judería de Sevilla.

Por ello, la conversión fue la norma durante aquellos siglos. Y muchas veces, los conversos entroncaban con las mejores familias del reino. Tanto era así, que se daba por seguro que a mediados del XV no había familia ilustre en Aragón o Castilla que no tuviera algún pariente converso del judaísmo. Había explicaciones; no eran labradores, sino que practicaban, en general, oficios. Además, los varones judíos tenían que ser capaces de leer y discutir la Torá para cumplir sus obligaciones religiosas, mientras que a los cristianos les bastaba con oír misa, los hombres judíos de España estaban alfabetizados casi en un cien por cien, a la vez que los índices de alfabetización de los cristianos eran bajos…


PD: el traidor López de Ayala dejó escrito en su Rimado de Palacio: "Allí vienen judios, que estan aparejados / para vever la sangre / de los pobres cuytados..."

1.9.11

Aquellos españoles expulsados después de quince siglos...

Qué cosas. Estuve leyendo aprisa, desventaja de las bibliotecas, un estudio sobre los judíos que se quedaron. Los que ni se fueron ni se convirtieron. Los que mantuvieron su fe en secreto, fuera de miradas indiscretas: los criptojudíos. Recuerdo que, cuando era pequeño y veía películas sobre la Guerra Mundial, no entendía ni el odio ni el papel de los judíos: en España su memoria pública se borró para siempre y nunca volvimos a recordarlos. Así que nunca supe mucho de ellos, hasta que empecé a leer. De Inglaterra fueron expulsados en 1290, y de Francia en 1306. Por ello, la imagen de una península judía poblaba el imaginario cultural del XV europeo. Cuando Cisneros invita a Erasmo a venir a España, la respuesta de este se convirtió en leyenda: "Non placet Hispania. Está llena de judíos".

Tras ser expulsados de España en el verano de 1492, lo fueron de Portugal en 1496, y de Navarra en 1497. Luego llegó el silencio. La oscuridad. La oración a escondidas. El trabajo callado en lugares apartados. Hasta 1864 no se suprimió en España el requisito de limpieza de sangre para los cargos estatales. Y hasta diciembre de 1968, ¡ay!, no se revocó el Decreto de expulsión, aunque su publicación no llegaría de manera oficial hasta el quinto centenario de aquello. Ya en el XX, España volvió a recordarlos, y le llenó de sorpresa lo que descubrió: ciudadanos de mundos lejanos que hablaban y cantaban en folclore español. Alguien nos habló de aquel folclore castellano en boca de un sefardí búlgaro. Aquel Canetti que era en realidad un Cano pasado por Italia. Aquella legendaria colonia de Tesalónica. Aquellos que se refugiaron en los Países Bajos. Y cómo olvidar, se cuenta, la presencia de una calle llamada río Tera en el gueto de Venecia.

Más de quince siglos de historia compartida y otros cinco de lealtad. Aquellos hombres que cerraban sus cartas con la frase buenaventura que tengás. Aquella frase tan repetida por aquel joven alumno acogido por los pasionistas a mediados de los ochenta…

PS: En Valladolid

31.8.11

Actos culturales y judíos que se escapan por entre las líneas de los libros

Leo.

Y escribo.

Es agosto y aún puedo permitírmelo.

También me escapo, de vez en cuando, a algún acto cultural. Como aún no soy sectario (quizá lo vaya siendo con los años, pero confío en que no) me importa más el contenido que quien lo haya organizado. Hace unos días fui a uno en la Playa Grande del Lago. El marco es impresionante y no se me ocurre nada mejor para organizar un evento, no sé cómo no se me había ocurrido antes. Un homenaje a Unamuno. Al Unamuno que estuvo aquí y que aquí se inspiró para inscribir ese homenaje a las dudas del hombre que es San Manuel Bueno, mártir. La novela que leíamos en COU y que nos acercaba a todos a nuestra tierra. La novela que reflejaba los conflictos sobre la superficie límpida del Lago-mar y que hacía rebotar la falta de fe del hombre moderno hacia las montañas. Ahí empezaron a hablarme de los judíos.

Volví a otro que organizaban en Ilanes, en y ahí volvieron a salirme, de nuevo, los judíos. La conferencia giraba sobre los que se quedaron. Los que engañaban. Algunas pistas fascinantes: aquí hubo judíos. Y muchos. Parece ya fuera de toda duda, porque era este era un punto de salida aquel año de 1492. Quizá los hubo desde antes, no en vano un señor de la zona era “amigo de los judíos”. Hubo durante siglos cuartos tapiados en algunas casas. La higiene como delatora. En mi pueblo, en la fiesta de San Antón, todo el mundo llevaba a la Iglesia partes del cerdo. Una forma de mantener la cohesión interna. Los apellidos también nos delatan. Los apodos. Quizá los oficios. Quizá los pueblos de los herreros, de los cobreros, eran pueblos puestos en pie por judíos. Sólo quizá. Pero también hubo protección. Muy pocos expedientes del Santo Oficio hablan de esta zona. Uno, extrañamente, sobre un Arias, abogado. ¿Quizá el abuelo del moro? También ese carácter emprendedor. También esas críticas de los vecinos. Quizá, también, ese respeto por la letra escrita.

Descansa el cuerpo, pero no ha de descansar la mente. Nos hacemos mayores, envejeceremos, el día que perdamos las inquietudes. El día que asumamos, al fin, que no nos apetece transcribir esos documentos, por cansancio, por dolor, o por miedo. Mientras estas cosas nos emocionen, seguiremos vivos…

30.8.11

De ruta lobera y setuna...

Nos fuimos de ruta. Madrugando. Siempre madrugando. Había que llegar hasta elRobledo, donde se está levantando el Centro Temático del Lobo Ibérico. No podemos llevar mejores guías que el alcalde y el técnico de medio ambiente. La visita es una delicia: el Centro imita una trampa para lobos típica de la zona: el cortello: una construcción circular que visualmente engaña a la lobo y le hace saltar pensando que luego podrá salir. En Lubián queda alguno e impresiona cuando uno se acerca a verlo. De fondo, varias hectáreas valladas para que los lobos que aquí estén puedan vivir en régimen de semicautividad. Nos recorremos toda la obra, que estará terminada en febrero o marzo, y vamos conociendo los detalles del proyecto. La idea es muy buena, y puede ayudar a multiplicar aquí un turismo lobero desconocido por estos pagos, pero ya veremos cómo acaba esto. Hay muchos patrones, la Junta, el Ministerio… para un proyecto que fue ideado, pensado y plasmado por el Ayuntamiento.

De vuelta para casa, y ya que estamos, paramos a ver lo que será el Centro Micológico de Ungilde. Toda una sorpresa. Cómo rehabilitar una escuela abandonada y darle un uso dotacional fantástico. La planta de arriba es una fantasía sobre el mundo de las setas, onírica y hermosa, pero es en la planta baja donde nos quedamos todos con la boca abierta. Un fantástico salón de conferencias preparado para convertirse en una referencia micológica nacional; dotado de toda la tecnología, de un laboratorio y de todos los instrumentos necesarios para que vengan por aquí los grandes maestros. Me quito el sombrero. Espero que los hosteleros lo aprovechen y consoliden la gastronomía micológica como una referencia nacional. El proyecto en este caso es íntegro del Ayuntamiento. Me voy para casa pensando, muerto de envidia, que yo quiero tener al alcalde de la Puebla en mi pueblo. Y pienso, también, lo que oí comentar aquella noche cenando: ¿qué pasaría si viniéramos aquí y gobernáramos algún ayuntamiento de estos? Nos comeríamos el mundo, como nos comeríamos tantas otras cosas. Pero quizá sea sólo un sueño. Y los sueños, quizá, sólo quizá, sueños son.

29.8.11

De vuelta a la Sanabria desde la Carballeda

Seguimos la ruta por la Carballeda. Por la tierra del contrabando. Por la sierra de la Culebra. Guiados alternativamente por Paco y por Silvia. La frontera más pobre de Europa occidental. Un paisaje desolado. Así son las Highlands, me confiesa Asier unos días después, de nuevo por este camino. Aquí el tiempo se detuvo hace muchos siglos. Los tejados de losa envejecida. Las maderas. Las cruces. Las balconadas, de madera ajada ya por el paso del tiempo. Desde Folgoso sale una vieja ruta de contrabandistas y por ahí vamos, dando un paseo, dándonos el lujo de ver un alcornoque por estos pagos rodeado de morrenas de un glaciar, para luego llegar a Linarejos, pasando por Sagallos y sus lagares. En Linarejos el río marca el camino a la Santa Cruz de los Cuérragos, aquella Santa Cruz luminosa de febrero, pero se nos va echando la tarde encima y llega la hora de volver a la Sanabria. Esta vez, decidimos volver por la pista que llega al Robledo, casi en paralelo a la vía del tren. No metas segunda en ningún momento que dejas ahí el coche, me dice Paco mientras nos despedimos. El viaje, largo, es fantástico y nos sentimos como el pirata de Espronceda, con la Culebra a un lado, la Sanabria al otro y allá a su frente la Puebla. En una recta, nos cruzan por delante una familia de jabatos. Como la carretera es un desastre (se podría rodar en este tramo sin problemas una película bélica) los vemos pasar tranquilamente. Por fin, casi oscureciendo, llegamos a la Puebla. Llegar a la villa por el sur siempre tiene una recompensa: la vista del casco desde lo que fue el Fuerte de San Carlos. ¿No les he hablado nunca de él?

28.8.11

Cervatos y comerciantes

Nos pateamos Villardeciervos. El pueblo de los Cervatos. Un pueblo de arrieros, como lo fue Antonio Rodríguez Santiago, que ya regentaba a mediados del XIX un próspero comercio en la villa. Fundador real del Clan de los Cervatos, de ellos fue la política zamorana durante casi un siglo, entre los años finales de la Reina Isabel, la de los tristes destinos, y la caída de la Monarquía a finales de los años veinte del pasado siglo. Un clan basado en el concepto de familia, un concepto extenso y premoderno, como el que aún mantenemos, en parte, por aquí. Se hicieron con el poder tejiendo alianzas: con los Cid, con los Bobillo, con los Santiago, con los Escudero en la Puebla, con los Santiago. Practicando la usura y consolidando su poder y prestigio con los bienes adquiridos durante la desamortización. Del comercio a la administración: el drama de un siglo, de un país. Ocuparon el poder, primero en Zamora, en la Diputación, y luego representando a la provincia y a sus distritos en Madrid, tanto en el Congreso como en el Senado. Judíos, los llamaban, por comerciantes. En 1905, a diez pesetas el voto, más el convite a varios electores, como aparece en varios de los archivos. Hombres del liberalismo en la provincia, la familia acabará vinculada a la Administración franquista, con algún presidente de la Diputación también en esta época. Todos emparentan con todos y no es fácil seguirles la pista a las élites políticas de la provincia de aquella época: Ángel Galarza Vidal, que llegó a ser secretario de Práxedes y que fue Director General en varios gobiernos, o el propio Fabriciano Cid Santiago, cervato emparentado con Santiago Alba y diputado por el distrito a principios del XX.

En mi pueblo tocan poco. Que siempre fue el mío un lugar pequeño y apartados: algún papel he visto, pero tengo que seguir investigando: hace poco vi un papel de Monís dándole las gracias al tío treinta por la ayuda para ganar las elecciones, en los años veinte del siglo pasado, cuando el régimen estaba a punto de caer.

Habrá que seguir investigando. Sobre aquella España. Aquella España de políticos como Cristino Martos, del que siempre recuerdo que alguien dijo que “era de la madera de los grandes hombres, y triunfará cuando se hagan grandes hombres de madera.

27.8.11

De ruta por la Carballeda

Salimos de ruta al final de la mañana y poco antes de comer estábamos ya en la patria de los Cervatos. Hoy Villardeciervos es un pueblo más de los muchos que, perdidos y abandonados, jalonan el occidente zamorano. Cuando el viajero despistado llega y pasea sus calles con calma, como hicimos nosotros, empieza a notar cosas raras. No hay apenas escudos heráldicos. No fue esta tierra de nobles. Ni de marqueses. Las casas tampoco son casas de pueblo. Son casas urbanas, aunque estén en medio de ningún sitio y apenas vivan más de quinientas personas aquí durante todo el año. Son, siempre lo fueron, casas fortaleza, con doble portalón, un portalón que no se usaba para la nieve, sino para esconder la mercancía que llegaba de Portugal o de Galicia: sal, tejidos, oro... Casas con con grandes patios interiores, escondidos a la vista de los indiscretos, de espaldas al erario…

Durante varios siglos, pronunciar este nombre era sinónimo de contrabando. Y hablar de los cervatos era hacerlo de contrabandistas. Hay mucha historia detrás. Realistas, casi carlistas durante gran parte del XIX, sus vecinos fueron premiados por Fernando VII por perseguir durante la Ominosa a los liberales. Aquí no interesaba el Estado moderno, con sus aduanas, sus pechos y sus fielatos. Era todo tan público y notorio que cuando se planteó hacer por la carretera que había de unir Madrid con Vigo, en principio se pensó que pasara por este pueblo y no por la Villa. Pero no pudo ser. El miedo al contrabando pesó más que los criterios técnicos. Tal era la fama de la zona.

Pueblo de arrieros, de aquí venía el clan que dominó la política zamorana, y no digamos la sanabresa, durante gran parte de la Restauración canovista: los Rodríguez. Mañana les hablaré un poco de ellos.

Pedro, Men, un cronista y una conferencia

Fue un 25 de junio. Día de Santiago. El año queda lejos, pero como en un relato de Borges, soy capaz de verlo perfectamente. Fue en Sevilla. En la Sevilla judía y cristiana de 1367. El trono legítimo peligraba. Un mundo en cambio. Una nobleza que no soportaba el empuje de las ciudades. En aquel mundo, en aquella época, en aquel día, el Rey hizo merced a Men de entregarle su tierra natal. Pedro I. Pocos monarcas más complejos. Y más controvertidos. De pocos monarcas medievales se ha escrito tanto y de manera tan dispar. Yo, cuando conozco a alguien que me interesa, en seguida me fijo en si es petrista o partidario del bastardo, para saber con qué tipo de persona estoy hablando. Sabemos poco de él. Básicamente las cosas que el canciller Lope de Ayala, un traidor a su Rey, quiso que no olvidáramos. La historia la escriben siempre los vencedores. Y Pedro perdió. El Bastardo procuró ocultar a todos su reinado. Como si no hubiera existido. Como si la Corona hubiera pasado directamente del rey Alfonso onceno a su hijo bastardo sin que Pedro hubiera sido nunca monarca. Apenas tenemos un millar y medio de documentos de su reinado. Muchos otros se perdieron. Cuando un Rey es asesinado, es bueno que los papeles que puedan unirlo a él desaparezcan con el cadáver. Había nuevos reyes y todo el mundo intentó recolocarse, empezando por aquel traidor cronista. El resto de sus papeles simplemente se perdieron. Pedro I fue un rey con una corte y con escribanos, que no en vano dice en algún documento, a la hora de confirmar algún privilegio, aquello de “los mis oficiales cataron en los mis libros”. Un rey cuyo tesorero mayor era un judío, Samuel Haleví, quien levantó la Sinagoga que hoy es el Museo Sefardí de Toledo. Un rey a quien los nobles acusaron de ser amigo de los judíos, al que hicieron la guerra porque había que eliminar la “administración judía” que la Corona tenía a su servicio. Una guerra en la que los partidarios del bastardo saquearon las aljamas de Toledo, Briviesca, Aguilar de Campoó, Segovia, Ávila y Valladolid.

Hubiera sido otra Castilla. Nunca lo sabremos. Pero tengo la intuición de que ya entonces había judíos en la mi tierra. Y tengo la sensación de que los Arias que acabaron siendo treinta en el mi pueblo, empiezan aquí… Porque tengo la sensación, también, de que aquí hubo más marranos que los que se mataban por San Martín. Y voy teniendo claro que quizá el hombre que hablaba difícil quiso siempre esconder su origen. Su origen manchado

Por cierto, que al hilo de los judíos y de los conversos, hoy a las siete de la tarde, en la Biblioteca de Ilanes, una conferencia sobre judíos y conversos, a cargo del profesor Lauro Anta. Ya le contaré, desocupado lector.

26.8.11

Men Rodríguez, sanabrés...

Debió de ser hace siete u ocho años. Estábamos en La Casa del Libro y vi unos ejemplares de una colección documental de Pedro I. Busqué en el índice. Allí estaba Men. Lo encontré. Un documento real. La prueba de que era, siempre lo fue, sanabrés. Pero todo eran prisas, para ir a ningún sitio, tal y como acabó quedando claro. Cuantos años para no ir a ningún lado. Así que no tomé ni la referencia: “venga, vámonos ya, deja de mirar, qué pesado eres con tu pueblo”. Es inútil compartir la vida con quien no comparte lo que uno es. Así que la colección pasó a formar parte de los libros míticos que, como The Anglo-American Cyclopaedia de Borges, nunca existieron en realidad. Hasta hace unos días. Volví a verlos. En la biblioteca de la Villa. Esta vez pude saborearlos con tiempo, mientras Elicia se entretenía con los suyos a mi lado. Una colección de cuatro volúmenes editados por la Junta y dirigida por Luis Vicente Díaz Martín. En el Volumen IV, y con el número de referencia 1384 se menciona una carta de privilegio del rey Pedro, fechada en Sevilla el 25 de junio de 1367. En ella el Rey concede a Fernando de Castro, uno de sus caballeros en Galicia, aquel que reunía en sí “toda la lealtad de España”, la villa de Cedeyra, a cambio de quitarle la Puebla de Sanabria, que entrega en ese momento a Men. El texto (Manuscrito 13.075, f 209v de la Biblioteca Nacional) no deja lugar a la duda:


Sepan quantos esta carta vieren, como yo, Don Pedro, por la gracia de Dios Rey de Castiella, de León, de Toledo, de Gallicia, de Seuilla, de Cordova, de Murzia, de Jahen, del Algarbe, de Algezira e señor de Molina.

Por razón que yo hauia dado e fecho merced a vos, el conde don Fernando, señor de Castro, e de la Puebla de Senabria, con su alfoz e con sus feyras, y con el Monesterio de San Martín, e con todas las rentas, e pechos, e derechos, e con la justicia, e juredición y señorío e de todas las otras cosas que a mí pertenescían hauer en la dicha Puebla, y en lo otro sobredicho. E por quanto yo agora fice merced dello a Men Rodríguez de Senabria, por quanto el dicho Men Rodrígues es natural desa comarca […]

Lo transcribiré entero.

Lo transcribiremos entero.

PS: Viendo al Lobo en la Puebla.

25.8.11

¿Un día cualquiera?

¿Un día cualquiera? Levantarse. Irse a la Villa. Desayunar con calma. Olvidar el reloj durante un rato. Oler. Saborear. Hacer varias compras, recoger unas tortillas. Ir para casa. Poner la mesa. Ser casi quince. Lavar y cortar la ensalada. Ir recibiendo a los amigos. Ver al Ingeniero sanabrés llegar puntual. Abrir varias botellas de cero. No sentarse. Ir almorzando. Los postres. Más amigos al café. Las risas. Los cánticos. La sobremesa. Larga. Promesas. Sentarse en el quicio y ver caer la tarde. La luz de agosto sobre la montaña. Caras que cambian. Sonrisas que se quedan cuando uno se muestra tal cuál es. Tal cual siente. Será por la luz. Será por agosto. Será por esta tierra.

Definitivamente no, no fue un día cualquiera.


Un placer tener a tantos amigos reunidos, un año más, en la Bodega, celebrando el inicio de las fiestas de agosto.

24.8.11

Respuestas que me apetece dar...

Escribo. Lo que me apetece. Escribo de lo que me ocupa. Y de lo que me preocupa. Pocas personas, acaso una o dos, conocen el secreto de fondo de esta bitácora. Una de las cosas que más me gusta es imaginarme lectores. Disfruto mirando por la ventana y pensando que en ese momento quizá alguien está leyendo lo que colgué hace un rato. A veces me encuentro con los lectores, y casi siempre son encuentros gratos. Hará un par de días tuve uno de ellos. Con Eduardo, un lector desconocido. Me encantó leerlo. Y como su crítica es razonada y razonable, me veo en la necesidad de argumentar.

Tiene razón en casi todo lo que dice. Es verdad que hay días, como el 18, o como el propio día 20, en los que pierdo la ecuanimidad y el juicio. Es verdad. Y soy consciente de ello. Podría decir que si los lectores vieran en qué condiciones y a qué velocidad escribo los artículos de esta bitácora probablemente sentirían compasión de este tataranieto del perdidaco. Pero no se trata sólo de eso. Hay, de fondo, algo de filosofía. De concepción de la letra escrita. Creo que un blog es algo parecido a una columna periodística, si es que no es su heredera, y creo que en el articulismo ha de haber sitio para el combate. Para la indignación. Para la provocación. Sí, sí, para la provocación. Porque las personas que escribimos llevamos dentro siempre un Quevedo con ganas de polemizar. Y nos encanta, a mí al menos, levantarnos un día y meter el dedo en el ojo al que anda por ahí. A veces se me escapa, pero a veces soy plenamente consciente. Porque no creo que haya que dejar el agit-prop sólo en manos de la izquierda. Ni creo que sólo ellos puedan hacer panfletos. De vez en cuando, hay que bajar a la arena. Hay que provocar. Y si es cierto que todas las generalizaciones son falsas e injustas, las que como suelo hacer cuando me pongo panfletario, confío empero en que el nivel de los lectores que siguen esta periférica bitácora, haga que sepan diferenciar, como hasta ahora, el ruido de las nueces.

Eduardo, un placer tenerle entre los lectores de esta bitácora.

PS: Magris escribió en El Danubio que no estamos más cerca de las personas que tienen las mismas respuestas que nosotros ante determinadas preguntas, sino que estamos más cerca de las personas que se hacen las mismas preguntas que nosotros, con independencia de cuál sea la respuesta.

23.8.11

Cosas de agosto en la Sanabria

Bajar dando un paseo al Campo. Encontrate con Cesitar, echo un bigardo ya, el tío, con su novia, de Santurce. Me he venido todo el mes, joder, vaya fiestas que tenéis, nos tenemos que tomar algo eh!, charlar un rato con el pequeño de Pepe, me bajé con el niño a las diez a las colchonetas y aquí sigue. Ver a Miguel Ángel, está bien, fuimos a la playita de Requejo, hay cada vez más cosas por aquí, ver a Tere, cuánto hace que no venía por aquí, invitar a una copa a farias, echar de menos, tomarte algo con lucía, la hermana del más generoso de los hombres, recordar con David aquellas fiestas con quince años, ver cómo el grupo homenajea a los alevines, que han ganado el campeonato de futbol de la comarca, bailar Mago de Oz, compartir confidencias con el Coronel, que está como un gato en una matanza, tomar un gintonic con el ingeniero sanabrés, seguir el bingo con desgana, comer una hamburguesa con hambre, subir una foto a facebook, ver de lejos a la prima, pedirle otra al grupo, hacer fotos con Monfer, reírse de las cobras. Que te den finalmente las siete de la mañana, subir a casa reventado.

Hay cosas que no tienen precio.

21.8.11

Guardiasciviles de Federico, progres de Zamora y naturaleza

Sólo hay Guardiacivil. No hay apenas coches, no queda turismo en nuestra tierra. Las playas están vacías. Los restaurantes de noche presentan un color espectral. Nadie se atreve a tomar un vino, un solo vaso de vino, y luego volver al su pueblo. La Guardiavicil te para, te registra, te hace controles de alcoholemia. Aleatorios. Enloquecidos. A cualquier hora. A las once de la mañana. A las cuatro de la tarde. A las siete de la mañana. El otro día, persiguieron a un padre por la carretera del mi pueblo porque, atentos al delito, llevaba cinco niños en el coche. Los subía del río, por dios. Tres quilómetros por una carretera sin tráfico. Lo persiguieron como a un terrorista. Lo pararon. Lo multaron. A mi Coronel lo pararon. Le registraron el coche. De arriba abajo. Esa es la imagen de la Sanabria en verano

Ya se cargaron la noche en esta tierra. Nadie sale ya, por miedo a los controles. A esos controles que convierten a los ciudadanos en súbditos atemorizados. Ahora se cargan el día. La obsesión por recaudar. Los veo persiguiendo a un padre que van con sus hijos y pienso en ese levante tomados por las mafias, en esos ayuntamientos llenos de ladrones. En esa seguridad ciudadana desbocada en toda España. Los veo y no puedo evitar pensar en aquello que Rafael Gómez, el Gallo, le dijo hace un siglo a la locomotora que entraba en Atocha resoplando de vapor viniendo del sur: “esos cojones, en Despeñaperros

A mayores, la tal Junta se cargó los controles de aparcamiento en el Lago. Este pepé democristiano que me saca de quicio. Ahorrando en bobadas para luego poder sachar pecho en Madrid. Porque, socialistas de todos los partidos, no se atreven a recortar el gasto donde éste se ha desbocado.

Llegará un día en el que en la Sanabria sólo haya ya funcionarios en la Puebla y Guardiasciviles en la carretera. No habrá negocios, no habrá turismo, no habrá gente ya, el Lago descansará virgen y los caminos volverán a estar a disposición de las bestias. Ese día acabará la historia mítica de este lugar en el mundo, y todo volverá a ser como en la época glaciar. Ese día, que llegará, toda la progresía de Madrid, empezando por la subdelegación del gobierno en Zamora, descansarán satisfechos. El hombre habrá perdido. Y la naturaleza habrá vencido.


PS: En el otoño de 1937, la presión para conseguir detenciones era tan grande que los interrogadores del NKVD empezaron a elegir los nombres en la guía de teléfonos.

Tzouliadis, T.: Los olvidados. Una tragedia americana en la Rusia de Stalin. Debate, Barcelona, 2009. Página 102

20.8.11

Cincuenta años: al final ellos perdieron, y nosotros ganamos

Fue un magnífico ejemplo de la impostura de la izquierda. Aquel país partido. El azar de nacer en un lugar o en otro. Al poco de empezar la farsa, la gente se iba. A borbotones. Había que detener la sangría. Así que se levantó un muro. Hace ahora cincuenta años. Como la izquierda maneja el lenguaje como nadie, lo llamaron muro de protección antifascista. Nadie entre la supuesta izquierda democrática, y perdonen la antinomia, abrió la boca para protestar. La misma gentuza que luego ponía el grito en el cielo por el muro en Palestina, miró para otro lado con aquel horror. Fue una de las más hermosas, y trágicas, metáforas, del fracaso del socialismo real. Del comunismo. De la izquierda, en suma. Una avanzadilla del enorme fracaso que sufrirían cuarenta años después. Lo trágico es que mucha gente murió intentando saltarlo. Cuando pienso en el Muro, no puedo dejar de pensar en la música del tercer hombre, aquella novela de aquel misterioso escritor que nos habló luego de un americano impasible. Un muro en Europa. En pleno siglo XX. Como si con eso se pudiera detener la historia. Se cumplen ahora cincuenta años de aquel horror. Es momento por lo tanto de recordar a los muertos. Y de recordar que, como en el caso de la ETA, aquella batalla no acabó en tablas. Nosotros la ganamos. Y ellos la perdieron.


PS: El plan [quinquenal] preveía duplicar en cinco años la producción de carbón, de 35 a 70 millones de toneladas: Stalin apuntó 105, y así hizo con todo. Lanzó a la URSS a una improvisación a escala continental. A eso lo llamaron “socialismo

PS: Meyer, Jean: Rusia y sus Imperios (1894-2005). Círculo de Lectores, Barcelona, 2007. Página 187

19.8.11

Aperitivo de las lecturas que habrá...

Ando también desentrañando la historia de la sierra de mi pueblo. Un nombre legendario: la sierra Sospacio. A sus pies, lo que llamaban aquí en la Edad Media el “lago-mar”. Memoria oral en el pueblo: la sierra era nuestra pero hubo que comprársela cuando la desamortización a la Marquesa de Pidal. No fue exactamente así. Hasta donde hoy sé, no hubo desamortización. Verán, la sierra era de los Benavente, y es posible que ya cuando accedieron a ella, allá por el siglo XV, hubiera una servidumbre de uso del ganado por parte de los pueblos aledaños. Quizá un derecho de cuando la presura; de cuando aquí vinieron gentes de Asturias, de Castilla, gentes que trabajan el cobre, otros el hierro

En plena guerra carlista, el Estado cristino permitió que los nobles con señoríos territoriales legalizaran sus posesiones en el Registro de la Propiedad, para así ganárselos para la causa. De esta manera, los Benavente-Osuna pudieron llevar a los libros sus enormes posesiones en estas tierras. Cuando Osuna el Grande, el hombre al que recuerdo porque tiraba las vajillas al Neva, el hombre de los caprichos, la puso de garantía de un préstamo que le hizo el Marqués de Pidal, empezó a firmar su sentencia de muerte. No pudo devolverlo y los Pidal pidieron la ejecución del préstamo, en los años ochenta del XIX. LA sierra sale a subasta y la compran los Pidal, por un 30% del precio de tasación. En los años noventa, concretamente en 1894, los Pidal denuncian a los pueblos ribereños, que aseguran que tienen derecho a pastar allí sus ganados. Probablemente tenían razón. No sé cómo acabó el juicio. Probablemente perdieron los pueblos. Mala es esta justicia, dicen por aquí, si por lo que a unos premia, a otros se los castiga. Después, como en un relato de Borges, sólo encuentro silencio. Hasta que ya aparece la generación de mis bisabuelos. Los dos que eran de aquí, firmando la compra comunal que estos pueblos hicieron en el enero de 1920 a la señora Bernaldo de Quirós y González de Cienfuegos, Marquesa viuda de Pidal. Hubieron de pagar por lo que ya era suyo. Una hermosa metáfora de la llegada de la modernidad a estas tierras. Sigo leyendo, de noche, cuando nadie me ve, cuando nadie me nombra. Cuando nadie me recuerda. A ver si leyendo más soy capaz de sacar alguna cosa más en claro,antes de proceder a dictarlo tumbado en la cama. Le iré contando, claro, desocupado lector. Desocupada lectora


PS: "Demanda al juzgado que presenta D. José Rodríguez, procurador de los tribunales, en nombre de los Excmos. Srs. D. Luis Pidal y Mon, Marqués de Pidal, y D. Alejandro Pidal y Mon […] contra los pueblos de […] Santa Colomba, Avedillo, Cobreros, […], Puente del Mercado, […], San Juan de la Cuesta, […], Cervantes, Paramio […] en solicitud de que declare que ninguno de los espresados (sic) pueblos tienen derecho a que sus ganados pasten en las sierras de Sospacio y Gamoneda, propiedad de mis representados".

18.8.11

La libertad en versión de nuestra lamentable izquierda

Al final, entre laicistas y antitaurinos conseguirán hacerme católico y taurófilo. Me fascina ese fondo y esa forma fascista que emerge en cuanto uno rasca un poco por encima de la progresía española. Esos comecuras que todos llevan dentro. Ese totalitarismo. Esa tara de la izquierda: yo soy el bien y vosotros sois todos gilipollas. Esas dos Españas. La lucha contra el poder de la Iglesia tuvo sentido cuando era una lucha por la libertad. Ya no. Ahora hay que respetar a los creyentes. A los católicos. Tienen derecho a manifestar su fe, y sus creencias. Y el resto, empezando por esta pandilla de mierdas vestidos de laicistas, debería respetarlos. La calle no es suya, por más que les pese. Ni suya es la razón absoluta, ni la verdad. No soporto esa estúpida mirada condescendiente que dedican a los católicos o a las personas de fe, como si hablaran con menores; ellos, que creen a pies juntillas en bobadas como la clase obrera y en supercherías como el progreso. La sociedad se construye desde el respeto a todos mientras todos respeten las normas básicas de convivencia. Porque aquí, gracias a dios, no hay ciudadanos de primera y de segunda.

Como son analfabetos, no merece la pena explicarles casi nada. Eso sí, ya que no paran de repetir como un mantra el artículo 16 de la Constitución, sería bueno que entendieran que a la frase que dice, con mucha razón, que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, le sigue otra que señala, con igual sentido, que “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

A ver si se enteran.

Qué pereza de izquierda, madre mía. Menuda maldición


PS: Chaves Nogales escribió en su prólogo de A sangre y fuego que “Entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo que nos queda (…). El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras (…).


PS: Ayer

16.8.11

De la política, de los cambios y del poder por el poder

Es interesante enfrentarse, tantos años después, a las figuras de Espartero, Príncipe de Vergara, y Narváez, Duque de Valencia. Nadie los recuerda ya. Vivimos en un país en el que el adjetivo libresco es despectivo. Aquellos dos espadones. Dos ayacuchos. Que uno fuera progresista y el otro moderado no estuvo claro de inicio. Espartero sólo fue claramente progresista después de que un gobierno moderado rechazara el ascenso de uno de sus subordinados. Narváez durante la década de los treinta dejó siempre patente sus simpatías progresistas y su fidelidad al propio Príncipe de Vergara. Pienso, mientras escribo con la noche senabresa de frente, en cuánto de impostura tiene la política. Cuánta lucha por el poder se disfraza de ideología. Pienso en aquel Companys, que presidía corridas de toros y que entraba en el salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona dando vivas a España en los años diez del pasado siglo XX. En aquel nazi de Sabino que creó la Liga de Vascos Españolistas antes de morir. En aquel Serrano Suñer republicano, en aquel Suárez falangista, en aquel Cebrián franquista o en ese Argala españolazo antes de ser etarra.

Pienso en todos ellos y me digo que sí, que es de sabios evolucionar. Y rectificar. Y luchar contra lo que uno pensó de joven. Pero de fondo, en cualquier caso, no puedo dejar de pensar en lo que mi amigo Paco, toledano sabio, me dijo un día mientras almorzábamos, creo que en Pulgar: desengáñate amigo: de obispo para arriba, ninguno cree en dios.


PS: El narrador, en la obra de Uribe, dice en un momento determinado: “A menudo pienso que todos mantenemos esa disputa en nuestro interior. Albergamos a un patrón de barco que pretende arriesgar; y a un carpintero que cuida de lo que más quiere y vela por su seguridad

15.8.11

Cine, antes de marchar

Nos íbamos de Madrid pero había que darle un último vistazo al cine. Poca cosa de interés en las carteleras, así que descartando nos fuimos a ver el caso farewell. La historia es buena y la película prometía: Vladimir Vetrov, un hombre que delató a los suyos para conseguir un futuro mejor para sus hijos. Perder para ganar siempre. Un coronel de la inteligencia soviética que ofrece gratis información a occidente para conseguir que el sistema caiga. La Unión Soviética implosionó porque muchos de sus ciudadanos no creían en aquella farsa. La película es francesa, y eso me llenó de prevención. Como es de allí, efectivamente, a lo largo de la misma se ven crecer las plantas. Le falta ritmo. Y esa es su gran pega. Kusturica hace un buen papel, la verdad, y mira que también me daba apuro pensar en él como protagonista. De fondo, la terrorífica razón de Estado, la guerra fría en los ochenta y la sensación de que todo el universo soviético era una mentira que sólo se tragaban los más bobos, muchos de ellos españoles, por cierto.
Salgo del cine y recuerdo aquel lamento de Brezhnev después de una reunión del Comité Central: pañales, camaradas, en las tiendas no hay pañales, dijo casi entre lágrimas, en un momento histórico en el que tenía edad de usarlos. Pienso en el golpe de estado bolchevique. Pienso en Keresnky, en la Rusia que pudo haber sido, en la Rusia que marchó exiliada, con Irene como metáfora, y recuerdo la sentencia de Bagehot cuando decía que en política, todo lo que no es necesario, es peligroso. No eran necesarios los bolcheviques. Por eso fueron tan peligrosos.

PS: A comienzos de los treinta se promulgó una ley de “densificación” de la habitabilidad de las viviendas. Las autoridades soviéticas pensaban que una sola habitación era suficiente para dormir, trabajar, reposar, comer y recibir visitas. Así pues, los apartamentos se transformaron en comunas.
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 273

14.8.11

Sanabria, Bilbao, Nueva York (el papelillo que yo hubiera escrito)

Devoré la novela de Kirmen Uribe en dos días, ya lo dije. Es, quizá, el tipo de libro que hubiera escrito si algún día hubiera llegado a ser novelista. Supongo que por eso, me dejó tan triste el que no hubiera respuesta al comentario, bajando hacia las Bouzas, aquella tarde de agosto y Lisboa resplandecía. Creo que es en el tambor de hojalata donde alguien dice que en todas las familias y en todas las generaciones ha de haber alguien que se ocupe de narrar la historia de su gente para que no caiga en el olvido. Uribe nos cuenta la historia de su familia en tres generaciones. Donde van su abuelo Liborio y su padre José yo hubiera hablado de La Casa del Barrio y de aquel Perdíu guapo y altenero que gastó todo el capital cazando y jugando, perdonen la tristeza. El libro es fascinante. Un collage en el mejor sentido del término. Intentando comprender las cosas que pasaron. Porque cada familia tiene una historia, un tiempo, unos mitos. Unas verdades. Y unas mentiras. Un cuadro de Arteta. El nombre de un barco. El invierno en el País Vasco. Aquella terrible guerra entre españoles y por ende también entre vascos. También, de fondo, la historia del narrador, que convive con su pareja y con un hijo que no es suyo. El mundo moderno, tan complejo como el antiguo. Frases lapidarias, al estilo del Seda que Mi Coronel y yo tanto hemos disfrutado, por razones diferentes: “Las casas se mueren si nadie las habita. Y también las personas”. No lo olvides nunca. O esa sentencia que el checo Vojtech Jasny le suelta al narrador al despedirse: “nada ocurre en vano”. La importancia del contexto en la vida de las personas. Porque uno es él y su circunstancia, como quería el Maestro. Lo acabé en dos sentadas. Buena literatura. Buen papelillo, desocupado lector, si está buscando alguno con el que entretenerse y reflexionar sobre cosas tan universales como el amor, el dolor o la amistad desde el puerto pesquero de la vizcaína villa de Ondarroa.

PS: De acuerdo con el narrador del libro, Foster Wallace afirmó una vez: “Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago, lo demás no sirve para nada".
PD: esta noche Unamuno en el Lago. Veremos.