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14.7.26

Un mundo en cambio

Siempre Zakaria. Un tipo bien listo y bien interesante. Tres ideas interesantes al fondo de lo que venía el otro día en el diario:

1. ¿A qué se parece nuestro mundo? "La analogía más cercana que tenemos para los tiempos actuales probablemente sea el período comprendido entre la década de 1880 y la de 1920. Piense en las revoluciones tecnológicas de ese período: la invención de la electricidad, la tecnología más transformadora del mundo moderno. Pero también los trenes, el telégrafo, los automóviles, el cine, la radio, todo sucede en ese período concentrado. El trabajo agrícola se vuelve mucho menos importante y mucho menos rentable, la gente empezó a mudarse a las ciudades y surgió una reacción violenta y aupó a populistas como William Jennings Bryan. Para los años 20 y 30, la reacción violenta era ya a gran escala en todas partes, y por supuesto, en Europa tomó la forma del comunismo o del fascismo. La gente a menudo olvida que el fascismo fue una reacción contra la globalización, contra la inmigración, contra el cosmopolitismo".

2. El problema central. Éste es el problema central del liberalismo: empodera al individuo, entiende los deseos de autonomía, dignidad y libertad individual, pero no entiende que con ello viene mucha ansiedad. Kierkegaard decía que la ansiedad es el vértigo de la libertad, y ese vértigo nos ha acompañado durante un siglo. 

3. La ruptura urbano / rural. En los últimos 25 años, el 80% del crecimiento en Estados Unidos provino de las 30 áreas metropolitanas más grandes. Todo el trabajo de alto valor ahora lo hacen en ciudades graduados universitarios. Y tenemos una élite multicultural, cosmopolita, urbana, generalmente secular, mientras que la gente que ha tendido ha quedarse en los pueblos pequeños y medianos de las zonas rurales está menos educada, es menos multicultural, menos secular, más blanca. Así que casi se han creado dos Américas que son claramente diferentes. 


17.11.14

Desafíos (una semana después del nueve ene)

El momento es complejo. Y no está claro cómo salir de él. Nada claro. Autoridades públicas que desafían al Estado. Que lo desafían con arrogancia. Pese a que el resultado ha sido, en el fondo, un fracaso también para ellos: un país que reclama la independencia no la apoya con un 30%. Aunque entiendo que tampoco eso les preocupe: para un nacionalista, la existencia de una nación y sus derechos no están sometidos a los votos. Ya volverán. Ya ganarán. 

Como decía Juaristi ayer en ABC, quizá el problema de fondo es que no hay ninguna comunidad que contraponer a la nacionalista, ni en Cataluña ni en el País Vasco. Quizá los complejos de la transición sean definitivos y ya sea tarde para articular una respuesta cívica y social al independentismo. Lo único que tienen enfrente es una masa poco estructurada que calla y otorga. Y eso es un problema, porque esta es una lucha, como todas, por la hegemonía cultural. Y mientras cada día que pasa lo cool y lo políticamente correcto sea la independencia, estarán cada día un poco más cerca de su objetivo...

PS: por cierto y como ejercicio. Compare el apoyo al carlismo catalán con las zonas en las que más porcentaje de participación hubo en la dizque consulta. Es lo de siempre: el campo contra la ciudad... Llevamos así desde el Neolítico...