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16.1.17

Bombas por algo

La tremenda coletilla. Publica El País el 3 de enero de 1979 una noticia sobre el asesinato de un artificiero en Pamplona y se informa también de una bomba que destroza una cafetería en la capital navarra. La última línea de la noticia, desoladora: "Al parecer, la cafetería Kabul, era frecuentada por personas de extrema derecha"

(ETA no destroza cafeterías sin motivo, le faltó decir al periodista...).

28.5.14

Historias mínimas, y necesarias (IV)

El mito de un país montañoso e inaccesible. El mito de un país apartado en sus tradiciones milenarias que resistió a todas las invasiones de la antigüedad. Herederos directos del cromagnon (como si el resto fuéramos indirectos ¡!) gracias a su aislamiento... 

Es todo mentira, claro. Para empezar, el relieve. Asegura el profesor Juaristi en su necesaria Historia mínima del País Vasco que "Lejos de constituir una región inaccesible y disuasoria, el País Vasco, tanto por la moderada altitud de sus montes como por la abundancia de valles y vías naturales practicables, ha ofrecido siempre unas condiciones privilegiadas al tránsito del istmo pirenaico. Nunca ha sido una zona evitada por las migraciones o los viajeros individuales, desde el Paleolítico a nuestros días" 

Frente a la razón, el mito del territorio aislado y sin influencias externas:

Asegura Aitzol Altuna en el año 2009 que: “Hoy se considera al lenguaje de esos Cro-Magnones como el protoeuskera o protovasco, el idioma de donde viene el euskera actual. Un dato innegable: la situación de esas 150 cuevas donde vivían los Cro-Magnones, de entre 10.000-30.000 años de antigüedad, se sobrepone con exactitud milimétrica con la extensión histórica del euskera a la llegada de los romanos, con la Baskonia alto medieval y después con el reino de Pamplona-Navarra de Sancho III el Mayor o de García IV el de Nájera, con los que el reino baskón alcanza su máxima amplitud y da cobijo a toda la población euskaldun.”

8.4.14

Hernani

Para ir de Pamplona a San Sebastián uno atraviesa gran parte de la autovía del Leizarán. La autovía maldita de las cesiones, cuyo trazado nos recordará siempre que a veces, incluso en democracia, las botas pueden más que los votos. Salimos después de un magnífico almuerzo e hicimos un alto en Hernani. En una canción de Kortatu publicada en su primer disco, homónimo, se hablaba de la ciudad y recuerdo alguna versión en la que la canción comenzaba con la expresión "Hernani, un horrible sueño..."Así que paramos a ver cómo es la zona cero de este carlismo de izquierdas de finales del XX que sigue siendo el mundo de Herri Batasuna; de esta ideología paseista que busca detener el tiempo y volver a un pasado imaginado. Damos una vuelta por la villa; una magnífica iglesia y una bandera nacionalista plantada en medio de la plaza. Los carteles en la calle y la estética de gran parte de los vecinos confirma la visión de ese horrible sueño que ha sido el nacionalismo en todo el mundo durante los siglos XIX y XX. Convertir en natural lo que es sólo fruto de la imaginación; ese es el sueño de cualquier nacionalismo. Nadie se mete con nosotros ni nosotros nos metemos con nadie. Apenas una cerveza, algunas conversaciones escuchadas al azar y un mal olor persistente en todo el casco. Tomamos el coche para seguir rumbo a San Sebastián.  

Mientras arrancamos, pienso que lo mejor del País Vasco, en el XIX, en el XX y desde luego ahora, está en sus grandes ciudades. Y pienso también que si hay algún lugar en España en el que se confirme la veracidad del viejo adagio que aseguraba que "el aire de la ciudad hace libre al hombre" ese lugar es, sin duda, la provincia de Guipúzcoa. 

15.5.13

La melancolía (o todo es como era siempre...)

Publicaba el otro día en El País una deliciosa cuarta página John  Healy en la que citaba un párrafo de Hemingway, a cuenta de la nostalgia, ese burdo pasatiempo del que recomendaba huir Luis Alberto de Cuenca.

Disfrútelo, desocupado lector:


"...Pamplona ha cambiado, por supuesto, pero no tanto como hemos envejecido nosotros. He descubierto que, si tomas un trago, todo es como era siempre. Sé que las cosas cambian y no me importa... Que cambien. Todos estaremos muertos antes de que cambien demasiado y, si no sobreviene un diluvio cuando hayamos desaparecido, seguirá lloviendo en el norte en verano y los halcones seguirán anidando en la catedral de Santiago y en La Granja... Nunca volveremos desde Toledo en plena noche, ni nos quitaremos el polvo reseco con Fundador, ni estará esa semana con lo que ocurrió aquella noche de julio en Madrid...”.