Mostrando entradas con la etiqueta san sebastián. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta san sebastián. Mostrar todas las entradas

19.9.21

Lo que no se ve -paseando por la ciudad-

Pasear por San Sebastián, de la mano de David Mejía: qué duro, pero qué necesario. La memoria fugaz de un hombre con su bebé en brazos a punto de ser asesinado, el recuerdo de un hombre que cena con amigos a punto de ser asesinado...

No se lo pierdan.

13.11.20

La vida segada, y la borrada...

Era una buena semana para acercarse a Centro Centro a ver la Exposición que la Fundación Gregorio Ordóñez ha traído a Madrid desde San Sebastián para recodar, 25 años después, la vida, obra y asesinato de ese héroe que fue Goyo Ordóñez. Su trayectoria demuestra varias cosas: la importancia de la voluntad individual de las personas -el yo no, del padre de Fest- porque el futuro no está escrito en ningún lugar. Ordóñez cogió a una AP mutilada en San Sebastián después de la brutal campaña de acoso, intimidación y asesinato que las dos ramas del nacionalismo cruente llevaron a cabo a finales del os años setenta y principios de los ochenta. 

Trabajando y trabajando levantó a la formación y la convirtió en primer fuerza política de la ciudad, casi doblando los votos de la rama política de ETA poco antes de su asesinato. De un 12% de votos en 1983, por debajo de la formación del gordo Otegui, a ser la fuerza más votada en la ciudad en las europeas del 94, sacándole más de cinco puntos a los antecesores de Sortu. Aquello fue una provocación para todos los nacionalistas: la derecha españolaza primer fuerza en la capital del territorio más patriótico...

Su asesinato demuestra que la siembra de violencia cosechó fruto, claro que lo cosechó. ETA volvió a matar a políticos no nacionalistas y pocos años después, el mapa volvió a la normalidad. La izquierda cruenta llegó a gobernar en la ciudad y la derecha española ha vuelto a ser residual en la bella easoVean la exposición y luego sigan con la monserga -ahí está el trazado del Leizarán, con tres muertos, por ejemplo- de que la violencia no sirvió para nada. 

2.7.19

La ciudad, rehén del campo

Se ha constituido ya el gobierno en la Diputación Foral de Guipúzcoa, la más pequeña de las provincias españolas. El gobierno de coalición lo ejercen el Partido Vasco de Dios y la Ley Vieja, apoyado por el PSE. Por cierto que en el acuerdo de gobierno se apuesta con convertir al eusquera en la "lengua prioritaria" de la Diputación. 
Diez diputados en el gobierno, al frente del cual está Markel Olano, nacido en Beasain, localidad de unos 13.000 habitantes. De los siete diputados que hay en el gobierno por el Partido Guía, sólo uno es natural de San Sebastián, capital de la provincia y en la que viven más o menos un cuarto de los guipuzcoanos. El resto procede de localidades tan impecablemente carlistas como Zarauz (23.000 habitantes más o menos), Fuenterrabía (unos 17.000 habitantes), Gaviria (unos 400 habitantes), Azpeitia (unos 14.000 habitantes) o Rentería (algo menos de 40.000 habitantes).  

La ciudad, sitiada.

30.1.17

Personas decentes

Hace ya veintidós años que los nacionalistas de extrema izquierda de ETA decidieron impedir con una pistola que el candidato que iba a ganar las elecciones locales en San Sebastián en 1995 se presentara a los comicios. Lo mataron por la espalda el 23 de enero. Lo mataron a él porque no podían matar a todos sus votantes. Y lo mataron para recordarnos a todos que, desde su punto de vista, la cultura política de las derechas no nacionalistas no tenía sitio en la Euskadi de finales del siglo XX. Así de sencillo. Así de aterrador.

Rogelio Alonso recordaba todo esto el otro día en un artículo necesario. Y recordaba la diferencia entre la decencia y la indecencia. Recordaba, por ejemplo, que Mikel Zubimendi ha dispuesto de un púlpito en la televisión pública nacionalista. Así de edificante. Así de terrible.


5.7.14

Arregi, frente a los engaños y a los que buscan promover algo distinto a la democracia..

Siempre es un placer leer a Joseba Arregi. Como lo es escucharlo.  Yo lo hice hace muchos años, en San Sebastián, cuando aún me debatía entre la academia y la empresa. Ya entonces imaginé que nadie sensato permanece en el nacionalismo mucho tiempo, en ningún nacionalismo. Una reflexión suya el otro día en El Mundo

Algún párrafo entresacado a vuelapluma: "Es mentira que la Monarquía esté ahí por derecho de sangre. Está ahí gracias al voto popular a favor de la Constitución que preveía la Monarquía parlamentaria. Y como ha escrito alguien estos días, monarquía parlamentaria es de esos términos dobles en los que el adjetivo mata al sustantivo. Algunos están mintiendo a sabiendas y engañando a los ciudadanos, y no promoviendo más democracia, sino algo distinto".


Reflexiones sensatas, frente a tanta idiotez

17.4.14

Guetaria

Salimos de San Sebastián por el oeste y nos dirigimos hacia Bilbao. Un alto en el camino en Guetaria para almorzar. Las villas marineras guipuzcoanas: de aquí salieron algunos de los más leales soldados, al servicio de la Monarquía primero y de la nación después. El mar abierto enfrente y una tierra inhóspita detrás son la mejor invitación para que uno se vaya y no vuelva jamás. Hay menos eusquera del que imaginaba en la calle, para desgracia de las personas que piensan que nacemos debiéndole algo a la lengua que hablamos. Comemos bien, en la calle mayor, con un servicio que sólo es razonable. Paseamos el pueblo y no dejo de recordar, mientras paseo, que hubo una época, a mí me lo van a contar, en la que todos pensaban que el origen de la patria española estaba escondido entre estas montañas. Que Túbal desembarcó aquí y que ninguno de nosotros se rebeló contra Dios en la soberbia de Babel

Todo era mentira, por supuesto...

PS: Asegura Pepe Álvarez Junco en su magnífica obra "Las historias de España" (página 6) que: "Sobre la lengua, fue clásico -a partir de Estrabón- elucubrar sobre la posibilidad de que la vasca dominara el conjunto de la península,  o al menos en un área mucho más amplia que la actual, y de ahí se llegó a deducir que habría sido el origen de la española. Tal cosa es, sin embargo, con toda probabilidad un mito, como han demostrado en el siglo XX los estudios de Michelena, Tovar y Caro Baroja. La tesis vascoiberista apenas tiene actualmente defensores en el mundo académico"

15.4.14

San Sebastián y Chillida

Madrugamos para ver de nuevo la ciudad. San Sebastián, la ciudad monárquica del XIX. La ciudad liberal rodeada del infierno carlista. Nos acercamos a Igueldo, que en breve parece que será una ciudad diferente. El nacionalismo y su pasión por dividir, por separar. Un parque de atracciones de principios del XX y quizá las mejores vistas de la ciudad. Acabamos a los pies del monte, donde acaba o empieza Ondarreta, en el maravilloso peine de los vientos de Eduardo Chillida. Hay pocas maneras más poética de recibir al viento en una ciudad que la que imaginó el escultor vasco. La forma que somos capaces de darle a las cosas que imaginamos es lo que nos diferencia del resto de seres vivos de la creación. Un hombre es un mamífero que dibuja, "con su dedo grande en el aire", como hubiera escrito César Vallejo.

Un paseo, algunas fotos, y un fuerte abrazo de despedida. Volveremos a vernos, pienso mientras seguimos nuestra ruta hacia el oeste...

12.4.14

San Sebastián y Oteiza

Nos pateamos lo viejo de San Sebastián. La zona cero durante muchos años. Aquí mataron a gente por no pensar como sus (mierdas de) asesinos. Un país lleno de metáforas y referencias militares no es un país cómodo para vivir. Javi, que nos guía, nos explica con la pasión del entomólogo la ciudad: la expansión, las murallas, la brecha, el crecimiento del XX. Le oigo y pienso que la vida no es justa. Una sociedad de talentos desperdiciados es una sociedad sin futuro. Y el de Javi es un talento que quizá ya nadie explote. Es lo que hay. Entramos a una iglesia en la que descubro una Cruz de Oteiza. Oteiza fue un grande, más allá de sus locuras personales. Al final lo ganó, creo yo, Chillida, otro grande, pero es no desvaloriza a Oteiza. El hombre de los vacíos. Construir desde la ausencia. En cualquier caso, una ciudad convertida en un magnífico entorno para disfrutar de dos grandes...

10.4.14

San Sebastián y el Kursaal

Llegamos a San Sebastián por Pasajes Ancho. Hay abrazos  casi nada más bajarnos del coche. La vida, a veces, nos permite recuperar a quienes un día se fueron. Quizá no todas las pérdidas sean para siempre. Entramos a la ciudad por el este. Y como soy preguntón, no paro de inquirir hasta que lllegamos al Kursaal, un nombre que, pese a lo que posiblemente opinen muchos españoles, no tiene nada de vasco. Damos un paseo. Un edificio imponente. Es grande Moneo: su manejo de las formas, de los volúmenes. Un navarro universal que tampoco ha sido profeta en su tierra. 

En otra vida, tantas cosas ya, yo modelaría edificios con las manos, para que mujeres con ojos tristes los levantaran mi nombre. Al frente el mar. Siempre el mar. Entramos en la Sala Kubo, para disfrutar de sus volúmenes y de una exposición de fotos de Catalá Roca, el "fotógrafo ausente". Una delicia. Aquella España que ya nos queda lejana y que imagino aún más lejano a los jóvenes que aquí han crecido lejos del nacionalismo banal español. Aquella España de pueblos de hambre y miseria que se iban vaciando a medida que la ciudad iba dándonos futuro a todos. Aquella España que se nos vació para siempre. Salgo de la exposición emocionado, casi he visto al abuelo Miguelán subido en su burra, allá en la Sanabria de los años cuarenta...

8.4.14

Hernani

Para ir de Pamplona a San Sebastián uno atraviesa gran parte de la autovía del Leizarán. La autovía maldita de las cesiones, cuyo trazado nos recordará siempre que a veces, incluso en democracia, las botas pueden más que los votos. Salimos después de un magnífico almuerzo e hicimos un alto en Hernani. En una canción de Kortatu publicada en su primer disco, homónimo, se hablaba de la ciudad y recuerdo alguna versión en la que la canción comenzaba con la expresión "Hernani, un horrible sueño..."Así que paramos a ver cómo es la zona cero de este carlismo de izquierdas de finales del XX que sigue siendo el mundo de Herri Batasuna; de esta ideología paseista que busca detener el tiempo y volver a un pasado imaginado. Damos una vuelta por la villa; una magnífica iglesia y una bandera nacionalista plantada en medio de la plaza. Los carteles en la calle y la estética de gran parte de los vecinos confirma la visión de ese horrible sueño que ha sido el nacionalismo en todo el mundo durante los siglos XIX y XX. Convertir en natural lo que es sólo fruto de la imaginación; ese es el sueño de cualquier nacionalismo. Nadie se mete con nosotros ni nosotros nos metemos con nadie. Apenas una cerveza, algunas conversaciones escuchadas al azar y un mal olor persistente en todo el casco. Tomamos el coche para seguir rumbo a San Sebastián.  

Mientras arrancamos, pienso que lo mejor del País Vasco, en el XIX, en el XX y desde luego ahora, está en sus grandes ciudades. Y pienso también que si hay algún lugar en España en el que se confirme la veracidad del viejo adagio que aseguraba que "el aire de la ciudad hace libre al hombre" ese lugar es, sin duda, la provincia de Guipúzcoa

11.6.11

Una foto, dos recuerdos y una cita...

Veo la foto y yo sí que me indigno, aunque no quiero que nadie me confunda con esos demócratas replicantes (el sintagma es de Arcadi Espada) acampados contra el Estado de Derecho.

Veo la foto y a mi memoria vienen dos nombres y una cita bíblica.

Recuerdo a Gregorio. Yo estaba en la carrera, era por la tarde, quizá comiendo, y recuerdo la noticia. Iba a ganar las elecciones para ser alcalde de San Sebastián. Lo mataron por la espalda. Lo mataron aquellos a quienes el nuevo equipo de gobierno de la ciudad considera luchadores políticos por la libertad. Era enero. No faltaba mucho para las elecciones. La izquierda nacionalista cruenta consideró que la mejor forma de quitarse de en medio a un rival era matarlo. Pienso en Gregorio.

Pienso en Enrique. En una toma suya tapándose la cara unas semanas antes. En el hombre que perseguía a ETA por la vieja Easo y que ¡ay! Investigaba su infiltración en la policía local de la ciudad. Tiroteado a la puerta de su casa por los amigos del nuevo alcalde de San Sebastián. Recuerdo a Enrique.

Dos hombres que fueron asesinados por la espalda en una ciudad a la que amaban y que estaban vinculados, de una u otra manera, al ayuntamiento de la fiel, noble y lea ciudad costera.

Veo la foto y recuerdo, en fin, la maldición que lanzó San Pablo contra aquellos que ven la injusticia y no se encienden. Porque, en cierto sentido, la gente que se benefició de sus muertes ha vuelto al Ayuntamiento y lo ha hecho por la puertea grande. Con el apoyo cómplice del nacionalismo incruento y con la desvergüenza de unos jueces al servicio lacayuno del poder.

Es un mal día.

Si ellos ganan, nosotros perdemos.

PD: las historias de sus vidas, y de sus muertes, en ese libro necesario que impulsó Rogelio. No dejen de consultarlo