21.10.11

Tardes de cena y tópicos en Beirut

Lo local y lo global. Almorzamos comida árabe y cruzamos la calle para tomar un café en un Starbucks. Hay que reponer fuerzas. La roca de las palomas es hermosa. Una solitaria bandera libanesa ondea en lo alto, como si la roca, solitaria, hostil, fuera de alguien más allá de ser del mar. Volvemos al centro. Hace calor. Mucho calor. Un paseo por Saifi, la zona de compras de moda en Beirut, obra también de Solidere. Algo así como las Rozas village pero con más glamour. Se nos va la tarde y acabamos yendo a cenar a un bar español. Cosas que pasan. Lo vimos cuando abría y le prometimos a Paul, el dueño, que pasaríamos. Estuvo años viviendo en Barcelona, y ahora ha vuelto a su casa. Cenamos con parte de la colonia española aquí. Los grandes relatos: amor, traiciones, deseos, son universales y acompañan al hombre desde que un simio descubrió que el dedo prensil le permitía fabricar armas. Buenas tapas y a un precio razonable. Vino de Antonio Banderas, para seguir con los tópicos. Varios digestivos en el Electro Mecanique, servidos por un chiita que seguro que ha bailado alguna vez el Rock the Casbah de los Clash, nos hacen pasar por las fases clásicas de exaltación de la amistad, cantos regionales y ataques al clero. Sin salir de Gemmayzeh, nos vamos a Name this bar. Tras otro digestivo, y antes de que sea demasiado tarde nos vamos a dormir. Mañana nos espera el sur.

PS: Demuestra poseer la vulgaridad de esos turistas que desearían lugares incontaminados y creen que sólo los demás los contaminan. Kyselak se considera que es el único con sentimientos nobles, capaz de apreciar lo auténtico. Los demás son “semihombres”, masa estúpida y fea, de la que no sospecha que forma parte.

Magris, Claudio: El Danubio. Anagrama, Barcelona, 2000. Pág. 143

20.10.11

Quince años ya...

Era hija del ti Miguleán. Cuando nació, a principios del siglo XX, las mujeres eran poco relevantes. Tan poco relevantes, que ni siquiera fue inscrita en el Registro Civil del Ayuntamiento. Su madre murió pronto, cuando ella era aún una niña. Su padre, ya lo conté, marchó a Madrid. Las dejó a ella, que apenas tenía trece años, y a sus hermanas a cargo de vecinos y parientes, y antes pudo escribir en un papel que las hacía sus herederas por si le pasaba algo. Se hizo mujer. Y se prometió con su primo. El prometido marchó a África. A la maldita guerra de África. Volvió. Ella lo esperó. “Era tan buen mozo” me contaba a mediados de los años noventa, mientras charlábamos en la Pradera, al serano en la tarde. Se casaron. Tuvieron tres hijos. En la guerra civil, mataron a su cuñado. Uno de los hijos murió de niño. Los otros dos emigraron. Lejos. Ella y su marido se quedaron en la Sanabria. Era su tierra. Sus hijos volvieron. Todos los años. Llegaron los nietos. Yo la conocí ya mayor, claro, era mi abuela. La recuerdo bondadosa, con esa sonrisa que sólo ahora soy capaz de entender que algunas mujeres tienen y que les acompaña de por vida.

Nunca aprendió a leer. Ni a escribir. No lo necesitó. Era bondadosa. Cuando frisaba los noventa años, su nieto pequeño le preguntaba por su vida, qué cosas, debía pensar, este niño, con sus gafas y su universidad. Siempre sonreía. Me contaba que tocaba la pandereta de pequeña. Y que le gustaba mucho bailar. Una mujer sanabresa bailando: la imagino y me pasan por la cabeza sanabresas de varias épocas, bailando en una kermés en 1910 o en una fiesta en 2018, qué más da.

Se hizo mayor. Poco a poco. Sin dramas. Con dignidad. La última vez que la vi dormía, cansadita como estaba, en la escañeta de su cocina. Fue una premonición. Imaginé que quizá no volvería a verla despierta.

Murió hoy hace quince años. Y la traigo de vuelta porque la recuerdo con una sonrisa bondadosa en los labios. Martín Amis me contó una vez que, con independencia del cielo o del infierno, cuando mueren, los hombres van al corazón de las personas que los recuerdan. Y ahí sigue mi abuela, quince años después.

Una línea verde y un hotel

Un café y una muffin cerca del Instituto. Solidere ha convertido la calle en un rincón de cualquier ciudad del mundo y los desayunos son todos estándar. Solidere como sinónimo del futuro del Líbano. A la calle sólo puede accederse andando. Normal, la tentación del coche bomba es muy grande. En la plaza está el Parlamento libanés. Un poco más arriba, la presidencia; un serrallo de Estambul, como me apunta oportuno Maic. Nos ponemos en marcha en nuestro deambular. Al poco de andar, buscando Hamra, nos damos de bruces con el Holiday Inn. Un hotel que forma parte de la leyenda de la guerra. Uno de los escenarios clave de la “batalla de los hoteles”, cuando ambos bandos buscaron los edificios más altos de la ciudad para hostigar al enemigo desde ellos. Más de mil personas fueron asesinadas desde sus plantas. Refugio de francotiradores y pegado a la línea verde beirutí que marcó el destino de los vecinos de la ciudad, cuando terminó la guerra se encontraron cientos de cadáveres dentro. No ha sido reconstruido y ofrece un aspecto fantasmagórico. A su lado, uno de los hoteles más lujosos de oriente próximo. Esto es Beirut. Lo nuevo y lo viejo superpuesto, sin más complejos.

Seguimos avanzando, a veces en paralelo a la Línea Verde, y acabamos desembocando en la Universidad Americana. Un remanso de paz en medio del caos de Beirut oeste. La lógica wasp en medio de una Casbah. Creada por misioneros protestantes en el XIX, ocupa una importante parcela de la ciudad, junto al mar. Es uno de los pocos sitios donde los jóvenes de todas las confesiones se juntan. Nos dejan entrar, dejando los pasaportes. Un paseo por el campus y visita, obligada, al museo arqueológico de la Universidad, donde se exponen retazos de la historia de este lugar en el mundo que es, también, la historia de todos nosotros.

Abandonamos la Universidad y acabamos en Hamra. Hace calor. Un calor húmedo, que se pega en los huesos. Ese calor que me hizo olvidar muy pronto el mediterráneo. Llegamos a la Corniche y desde allí volvemos a ver la Noria. La obsesiva noria de los fedayines.

Va siendo la hora de comer y estamos cerca de la roca de las palomas, así que hacemos un alto en el camino. A la tarde, nos espera Saifi, de vuelta al centro comercial de la ciudad.



PS: Simplemente imagine cuatro círculos de tamaño cada vez menor incluidos unos dentro de los otros. El mayor es el de los mil quinientos millones de musulmanes del mundo, divididos en suníes, chiíes y cientos de otras sectas como los sufíes […]. La observancia puede ser tan casual como lo es […] la práctica religiosa entre los judíos, los budistas, los cristianos […]. Los islamistas son el siguiente círculo más pequeño, esto es, la gente que quiere que los Estados introduzcan la ley islámica […]. El tercer círculo son los salafistas, o seguidores de los sabios fundadores que rodeaban a Mahoma. Éstos quieren establecer estados islámicos de un tipo extremadamente puritano. […] La mayoría de los yihadistas son salafistas, pero no todos los salafistas son yihadistas, es decir, personas que intentan que se produzca una violenta transformación de las sociedades en estados islámicos.

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Pág. 456.

19.10.11

Nascer aquí (esta tarde Torga traspasa La Raya)

Un proyecto hermoso. Los escritores de La Raya. Los escritores del Duero. Para quien ande hoy por Zamora, en la Rei Afonso Henriques se inicia el ciclo O Douro nos Caminhos da Literatura, proyecto puesto en marcha para promover la divulgación de la vida y obra de varios escritores durienses y su relación con el paisaje natural y humano de la Región. Escritores minoritarios a este lado de la frontera. Escritores desconocidos para todos nosotros. Acaso sólo Miguel Torga tiene algún público, escaso, entre nosotros. Pero quién ha oído hablar aquí de João de Araújo Correia, de Trindade Coelho, de Domingos Monteiro, o de Aquilino Ribeiro.
El ciclo se abre con Torga, con quién si no. El hombre que venía aquí a obedecer órdenes. El hombre, me lo sugirió el nieto de Angelote, que se puso Miguel en homenaje a Unamuno y que se hartó de ver judíos durante sus años de médico al otro lado de la frontera. El hombre que nos explicó a todos la creación del mundo, una tarde luminosa de abril, y Vila Nova, también, resplandecía.

No se lo pierdan, si andan hoy por la ciudad del Romancero. Unos cuarenta y cinco minutos de documental. Entrada gratuita. A las 20.30 horas
Un aperitivo pinchando aquí.
De nada

PS: Miguel Torga escribió una vez: “Nascer e ficar aquí / Onde os pés sentem firmeza

18.10.11

El Beirut de SOLIDERE

Amanezco en lunes y voy dando un paseo hasta el centro de la ciudad. No sé si la expresión es correcta, porque no tengo claro que Beirut tenga centro. Lo tuvo. La plaza de los mártires, nombrada así en honor a los patriotas libaneses muertos por losotomanos durante la Gran Guerra, pero se trata de una Plaza que fue destruida por la guerra. En toda esta zona, donde se ubicaba el parlamento libanés, o la residencia del Primer Ministro, quedaba poco en pie tras la guerra. Y ahí nació SOLIDERE. Un invento de Hariri que ha puesto en pie de nuevo toda esta zona de la ciudad. El mecanismo era simple: se compraba a los antiguos propietarios y se les hacía accionistas de la sociedad. Con todo el terreno, más el capital saudí, se fue reconstruyendo la zona. Ha quedado igual que estaba, pero en vez de viviendas y pequeños comercios, lo que hay es oficinas, tiendas y lo que podríamos llamar el downtown de la ciudad. De camino, la Mezquita Mohammad al-Amin, levantada por Hariri a principios de siglo, a imitación de la Gran Mezquita de Estambul. Al lado de la Mezquita está la tumba de Hariri, asesinado probablemente por los sirios en 2005 y cuya muerte desencadenó la Revolución de los Cedros contra la presencia siria en el país. Hariri era un hombre saudí y ser saudí aquí es ser antisirio. Así de sencillas son las cosas. De fondo, sunitas contra chiitas. Más que una tumba, hay una jaima como retratos suyos y con flores. Un tribunal internacional investigó su muerte y el jefe de la inteligencia siria en Líbano se suicidó de manera oportuna antes de que hiciera públicas sus conclusiones. Hariri sigue marcando hoy, años después, la vida política del país: a raíz de su muerte se constituyó la Alianza 14 de marzo y su hijo Saad ha sido primer ministro hasta principios de este año.

Solidere no pudo comprarlo todo. Cerca de la Plaza de los Mártires se ve aún la mitad de un viejo cine destruido por la guerra cuyo propietario no ha querido vender. En la plaza de San Jorge, donde Hariri fue asesinado hay, ironías del destino, un gran mensaje en la fachada del hotel que grita “STOP Solidere”, ya que sus propietarios se consideran acosados por la empresa para que vendan.

Al fin, llego a mi destino. Una cafetería cerquita de la Plaza de L´Etoile, a pocos metros del Cervantes. Vamos a desayunar algo antes de salir a ver la parte musulmana de la ciudad. Beirut nos aguarda.


PS: “De las seis mil bajas árabes que hubo durante la Revuelta, sólo mil quinientas fueron asesinadas por los británicos o por la Haganah; el resto fueron asesinados por otros árabes”.

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Págs 137 y 138.

Nuestra sangre, helada

Se habían cumplido ya dos años del brutal asesinato de su hijo Joseba. Un militante socialista. Luego llegó la indignidad de quienes, como nunca han tenido ideología, no les ha importado arrimarse a cualquier sombra. La madre, valiente, se dirigió a aquel López, dirigente máximo de los socialistas en mayo de 2005 con una carta abierta. La carta, entre otras cosas, decía:

Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi. ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!"

Seis años después de aquella carta, el Partido de Joseba se ha sumado a la Farsa de San Sebastián. Han ido a sentarse de la mano de los corifeos de los asesinos. De los que opinan que aquí hubo una guerra y que no ha de haber vencedores ni vencidos.

Me repugnan. Profundamente.

Las víctimas, lo único digno de todo esto, han ido a darles ejemplares del libro vidas rotas. Para que se enteren de que aquí unos morían y otros mataban.

Los socialistas vascos. Pilar Ruiz Albisu lo adivinó claramente. Y nuestra sangre, helada.

17.10.11

Hacia el norte, donde todo esto nació

Amanece Beirut. Ayer fuimos hacia el este pero hoy tocar ir al norte. La complicada salida de la ciudad. Los coches. Los anuncios invadiendo la carretera. El caos del tráfico. El dinero saudí, que todo lo riega y que es, a día de hoy, el mejor seguro contra una nueva guerra. Los controles del ejército. Constantes. Nuestro destino es Batroun. El casco está bien cuidado. Una ciudad llena de cristianos. Impresiona, para alguien como yo, entrar a una Iglesia y ver las inscripciones en árabe. Analfabetos como somos todos, confundimos árabe con musulmán, cuando la nación del mundo con mayor número de musulmanes no es ni siquiera árabe. Aquí ha habido cristianos árabes desde hace siglos. Van disminuyendo: occidente los desprecia o los ignora y nadie, me temo, volverá a dar la cara por ellos. Una iglesia maronita. Con un atrio que da al mar. Un espectáculo maravilloso a media mañana. Encontramos también una iglesia ortodoxa. Entro, como siempre, derecho al iconostasio. Esa parte mágica de estas iglesias, la representación simbólica de la separación entre el cielo y la tierra. Es la única pieza que busco cada vez que, como en aquel Monasterio Serbio, entro a una Iglesia ortodoxa.

Se acerca la hora del almuerzo y caminamos hacia Chez Magoui, un chiringuito al pie de un saliente sobre el mar. Uno elije el pescado y, mientras se lo hacen a la brasa, baja a pegarse un baño. De fondo, el mar. Ese tono azul que solo da el mar. Se nos va la comida, decadentes, y a los postres nos saluda una libanesa que vivió en Chile. La voz alta y las sonrisas delatan a los españoles cuando comen por el mundo alante...

El día empieza a caer cuando ponemos rumbo a Biblos. Esto sí que son palabras mayores. Aquí nació el alfabeto. Como suena. Unos doce siglos antes de Cristo. Lo crearon los fenicios. Los comerciantes. Los avances en el mundo los trae el comercio; ni clérigos ni funcionarios han aportado nada nunca. Había que comerciar, y había que dejar por escrito los tratos. Y los pictogramas ya no valían, porque no sirven para representar conceptos abstractos. Eso que hemos experimentado tantas veces cuando jugamos al Pictionary. Estar en la cuna de todo esto. La ciudad que dio su nombre a los libros. La que quizá sea la ciudad más antigua del mundo que sigue habitada hoy en día.

Paseamos y salimos al espigón del puerto. Un coqueto rincón que fue refugio de la élite cultural europea cuando esto era la Suiza del próximo oriente. La casa del mejicano Pepe, donde tantas estrellas vinieron a almorzar. Un zoco limpio rodeado de un caos de tráfico. En una iglesia ortodoxa celebran una boda. Qué iguales son los ritos en el mediterráneo. Las flores. El color blanco. Las prisas

Volvemos por la carretera de la cosa y nos atrapa el atasco de un domingo tarde en Beirut. Nos vamos a cenar al faro, en Beirut oeste. En la zona chií. En la Corniche, una de las zonas más hermosas de Beirut, rompiendo frente al mar. Al fondo, la noria. Junto a la noria. Probamos el narguile, con sabor a manzana y voy mirando a mi alrededor. La carta sin cerdo, como en toda la zona musulmán. La mujer chií parece más liberada que la suní. Lo que une a todas las mujeres aquí es su obsesión por las cejas: unas cejas robustas, negras y potentes: cuando no las tienen, se las pintan. Aquí parece como si la moda se hubiera detenido al principio de la guerra, en los setenta: el pelo, las hombreras, los ojos, parecen sacados de mi infancia.

Se nos ha hecho tarde ya y es hora de volver. Mañana nos espera Hamra.


PS: “Se prohibía el cerdo porque era peligroso cuando se lo ingería mal cocido, pues tenía parásitos

Johson, P.: La historia de los judíos. Vergara, Barcelona, 2004. Página 53

16.10.11

Rock the Casbah en Ermeil

Llegamos, cansados, de Baalbek. A la vuelta intentamos ver Ksara, una bodega. El vino fenicio fue mítico en la antigüedad, pero ha quedado reducido a casi nada. No lo logramos. El horario es europeo y aquí cierra todo pronto. Beirut es quizá la ciudad con más ambiente nocturno de la región. Una ducha y a pasear la ciudad. Una ciudad que sigue divida con aquella línea verde de la guerra. Aquella línea con la que la gente de mi generación empezó a conocer esta parte del mundo: A un lado, el legendario Beirut oeste, el Beirut sartaldea de Kortatu. Hamra. El terror musulmán. El oriente. Al este, la Falange. El terror cristiano. Paseando por el barrio, al final entramos a cenar en Couqley, un elegante restaurante francés ubicado en Beirut este. El Líbano existe por Francia, igual que Portugal existe por Inglaterra. El sueño cruzado de asegurar un lugar para los cristianos cerca de tierra santa. La élite es francófona, y esto genera problemas a la hora de normalizar la convivencia, porque la élite musulmana, para marcar distancias, es angloparlante. Su único idioma común es el árabe, lo que genera diglosia, a lo que se suma el que el árabe sea un idioma complejo: no se habla como se escribe y la unidad de la lengua está perdida. Alguien lo comenta con pena y yo no puedo dejar de pensar que me da igual. Las lenguas son herramientas que evolucionan: nosotros también hablamos un latín corrupto y no ha pasado nada por ello. No le debemos nada a la lengua en la que hablamos, como no le debemos nada al aire que respiramos. Couqley es un restaurante recoleto y tranquilo ubicado en Gemmayze. Probamos al final vino local. Poca cosa. Al acabar, nos vamos a tomar una copa a una terraza, sin salir de Ermeil. Todo un golpe de Estado, mirando la autopista e intuyendo al fondo el mar. No suena el Rock The Casbah de los Clash pero el ambiente lo pide a gritos. Poco a poco, se nos va la hora entre gintonics mientras hacemos los planes para mañana domingo. El pegajoso calor de las ciudades del mediterráneo.

Yo siempre fui un hombre de tierra adentro.

PS: “Al contemplarlo desde la perspectiva del siglo XXI, vemos el judaísmo como la religión más conservadora. Pero en sus orígenes fue la más revolucionaria. El monoteísmo ético inició el proceso en virtud del cual se llegó a la destrucción de la cosmovisión de la Antigüedad”.
Johnson, Paul: La historia de los judíos. Vergara, Barcelona, 2004. Página 56.

15.10.11

Baalbek: no temáis la grandeza...

Baalbek, como tanto otros lugares en esta tierra, fue muchas cosas. Fue Heliopolis para Alejandro el Grande, ya saben, el hombre que estaba casado con Roxana, la chavala de Police. Un punto de paso para el oriente. Un lugar desde el que dominar un valle. Luego fue una ciudad romana, cuyos restos pueden visitarse. Luego fue bizantina, musulmana… Al llegar el XIX, fue un campo de pruebas donde dar a conocer la grandeza de Alemania. Un país que había llegado tarde a todos los repartos. Fueron alemanes los arqueólogos que, a finales del XIX, pusieron en valor todo esto. Aquí vino el Kaiser Guillermo, a observar las ruinas. Aquel Guillermo que se refería a Dios como “un antiguo aliado de Nuestra Casa”. Avanzamos por la ciudad vieja antes de ir a ver las ruinas. El zoco, la carne expuesta, los pescados. Y los dulces. Esa obsesión árabe por los dulces. Las mujeres son heterogéneas: parece que los chiíes, pese a la imagen de Jomeini que tenemos en occidente, son más relajados con la imagen externa de la mujer. Pese a todo, la obsesión de las religiones con la mujer. La obsesión por controlar sus vidas. De confundir de manera interesada lo moral con lo penal. Ni un solo niqab, desde luego ni un burka; varias van con velo, es verdad, pero también muchas van vestidas a la occidental. Almorzamos, ventajas de viajar con quien conoce el terreno, en un bar del casco viejo. Somos los únicos turistas en él. Ajami se llama. Humus, fantástico, y cordero. Más algo de tomate. Venden cerveza. Tras el te, salimos a ver las ruinas. De camino, nos quieren vender unas camisetas de Hizbulá: la izquierda antisistema, tan atenta siempre al márquetin. Que se note que estamos en su feudo.

De pronto, nos damos de frente con los restos de lo que aquí hubo. Impresiona. No creo que ni siquiera en Italia queden monumentos así. La proporcionalidad. Las columnas y sus capiteles. Fustes de más de dos metros de diámetro. El templo de Júpiter. A todo puede accederse, las medidas de seguridad son mínimas y no tardará en matarse algún turista por aquí. El sobrecogedor Templo de Baco está casi entero, únicamente ha perdido la cubierta. Paseamos por el recinto. Al lado, los restos de otro templo. En el artesonados, enormes estrellas de David. No se cansa uno de mirar, de ver, de pensar. De sentir. Cuántas cosas por compartir. Va cayendo la tarde. Entramos en uno de los museos, que muestra el proceso de enterramientos en la zona a través de los tiempos. El guarda nos acompaña y nos explica. Todo lo ha pagado Alemania, y los carteles están primero en aquella lengua de pastores (¿verdad Hornuez?) que inventó Lutero para extender su Reforma de la Iglesia.
Antes de volver a Beirut paramos en el Palmira. Un hotel decadente. Lo que me gustan esto sitios. Aquí se alojó el Kaiser. Aquí venía la bohemia francesa durante los años cincuenta y sesenta. El tiempo se ha detenido en este hotel, mientras se pone el sol en el resto del país. Es hora de volver a Beirut.

PS: "La German Kultur, a los ojos de los alemanes, era la heredera de Grecia y Roma, y ellos se consideraban a sí mismos como el más culto de los pueblos modernos” Tuchman, B.: La torre del orgullo. 1890-1914: una semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial. Península, Barcelona, 2007. Página 303.

13.10.11

El sábado, de camino al valle de la Bekaá

Amanece Beirut. Amanece pronto, entre la luz y el ruido de los coches. Estamos en Rmeil. Cerca de la sede de Kataeb. Un barrio cristiano, donde se aloja gran parte de la colonia española. El país se nos hace extraño a los occidentales porque nosotros perdimos, con la caída de los Habsburgo, la oportunidad de ver países hechos por encima de las identidades nacionales. Democracia consociacional nos enseñaban en la carrera. Democracia de ovejas, en realidad. El jefe de Estado ha de ser un cristiano maronita, el presidente del parlamento un chíiita y el jefe de gobierno un sunita. Igual que cuando se fue Montilla y Zapatero dijo que en Industria iba a ir “un catalán”. Qué más da cómo sean. No hay partidos que atraviesen las confesiones: se supone que los cristianos votan cristiano, los sunitas votan suní y los chiitas votan chií. El problema es que la situación demográfica ha ido cambiando: los maronitas preparados emigran, y los chiitas crecen. Así que los cristianos hace mucho que son ya menos de la mitad del país. Y su futuro aquí es oscuro.

Abandonamos el apartamento. Apenas hay nombres de calles puestas, la gente se guía por barrios y por edificios emblemáticos. El tráfico es caótico, como uno lo imagina en las ciudades de Asia. Tomamos el coche de alquiler y nos dirigimos hacia el este. Beirut está encajonada en una península entre el mar y el Monte Líbano. Según abandonamos la ciudad vamos viendo el Mediterráneo en perspectiva y los centenares de casas desparramadas por la montaña. El atasco es épico: “todo el mundo en Beirut tiene una casa por aquí y se va los sábados por la mañana”, me comenta Mim mientras vamos dejando atrás la ciudad. La carretera está toda en obras. “Este puente que están terminando lo vuela siempre Israel cada vez que ataca el país”, me señala Maic mientras conduce. En breve llegamos al alto que separa esta parte del país del valle de la Bekaá. Otro sitio de resonancias míticas. El granero de Roma. La huerta del próximo oriente. Y desde hace unos años, un campo de cultivo de droga dominado por Hizbulá, que tiene aquí uno de sus feudos. El viaje es largo, a medias por las obras y a medias por los constantes controles del ejército libanés. La frontera siria queda cerca y las fronteras en esta parte del mundo son lugares complicados. Atravesamos varios pueblos, muchos de ellos con iglesias cristianas. La mezcla como realidad. Impacta ver una cruz con letras árabes. Pero es que los antepasados de las personas que se imaginan a sí mismas cristianas estaban aquí mucho antes de los antepasados de las personas que se imaginan a sí mismas musulmanas. Para el Islam, Jesucristo era un profeta y un hombre santo; para los cristianos del siglo VII, el islam era una herejía del cristianismo que había ayudado a poner fin a la idolatría en Arabia. Qué cosas.

Por fin, llegamos a nuestro destino. La Imperial Heliópolis. Pocas cosas impactan más en un país que ya es de por sí un impacto constante. Más allá, el Antilíbano y detrás ya Siria…

12.10.11

Llegar al Líbano vía Roma, toda una metáfora...

Va atardeciendo porque viajamos hacia el este. La escala en Roma me junta con unos viajeros chicharreros. Todos vamos al Líbano, aunque su viaje está organizado por agencia y el mío no. Como el vuelo a Beirut va con algo de retraso, nos da tiempo a charlar. No son pareja, pero viajen juntos. Él es un enamorado de la cultura árabe, ella lo sigue con cierta desgana. Repasamos viajes realizados y nos recomendamos destinos. Coincidimos en el placer de viajar. De conocer. De comprender.

Llego a Beirut y es noche cerrada. El aeropuerto, dominado por los chiitas de Hizbulá, lleva el nombre del líder sunita Rafic Hariri. En el control del pasaporte la única preocupación del policía es buscar si mi documento lleva algún sello de Israel. Palabras de cortesía en ese inglés universal que hablamos todos lo que no lo tenemos de lengua materna. De camino a la ciudad, ubicada al norte, varios controles de policía, que nos dejan pasar sin problemas. Una constante en la ciudad: la obsesiva presencia del ejército libanés. Casi en cada esquina. De manera literal. Los soldados, en sus puestos de vigilancia, se llegan a confundir con el paisaje.

Estoy en el Líbano. En el Próximo Oriente. En la Tierra Santa. Un país inventado por Francia para dar una patria a los cristianos de Oriente. Así de sencillo. La Francia republicana y laica, me comenta Maic de camino a casa, se inventó este país y siempre lo ha considerado suyo. Varias sectas y múltiples identidades para un territorio poco más grande que la provincia de Zamora. De un lado, los maronitas, cristianos bien avenidos con Roma. Gente de las montañas. Árabes, aunque ellos se imaginen a sí mismos como fenicios. Seguidores de San Marón. Llevan aquí decenas de siglos. Fueron los grandes protegidos por Francia. Dos partidos, uno histórico, la Kataeb, la Falange libanesa, y otro una escisión, primero de las Fuerzas Libanesas, y luego del Movimiento Patriótico del general Aoun. Algunos cristianos más, básicamente armenios y ortodoxos, componen el paisaje de la cruz en el país. Enfrente, los musulmanes sunitas, la versión ortodoxa del islam, apoyados por Arabia Saudí, los musulmanes chiitas, una secta herética para los sunitas, patrocinados por Irac y Siria, y por si faltara poco, los drusos, una herejía fascinante que conecta el islam con las religiones previas al Libro que se desarrollaron en el Creciente Fértil.

Hace calor. Son casi las tres de la mañana. Cerca de mi habitación, la sede local de la Falange. Nos vamos a dormir. Mañana hay que madrugar. Alejandro Magno y Roma nos esperan… Como dijo el estadista de los Balcanes, quizá el problema de esta tierra es que también produce más historia de la que puede digerir…

8.10.11

Beirut oeste: por la cárcel de arena pasean sin sombra los amantes...

Cuando uno pertenece a una generación ágrafa, en la que la letra escrita no tiene valor y la cultura o es tortura o es gratis, es difícil que sea capaz de ubicar los países en sus coordenadas básicas. El Líbano. Nunca supe mucho del país: unas guerras terribles, entre cristianos, musulmanes y todo el que pasaba por allí. Un país destrozado entre Incendies y vecinos mal avenidos. Luego me fueron contando: la Suiza de oriente próximo durante muchos años. Un país francés. Un país fenicio. Una universidad de élite en el oriente. Un país mirando hacia el oeste. Unos días para pasear Beirut en medio del oasis, para recordar Biblos, teniendo presente que septiembre fue sólo un sueño. Y conocer Tiro o Sidón. Pero lo mejor, como siempre, no es el destino, sino la compañía. Abrazar viejos amigos. Brindar con buen vino por la vida, que no se detiene. Nunca. Charlar sosteniendo una Seagrams en aquel lado del mediterráneo. Espero el embarque y suena Kortatu en el Iphone: es una música amarga, con un punto de melancolía que no he sido capaz de quitarme nunca de la cabeza. La letra acompaña: Beyrouth sartaldea / Uraren ordez hautsa / eta bost mila izar / gehiago gauez / Norien alboan, Norien alboan, Norien alboan

Embarco. Solo. Los hermanos Muguruza me lo recuerdan: éramos cien, luego veintidós, ahora sólo somos dos: tú y yo, zu ta ni, zu ta ni…

Ya le contaré, desocupado lector…

PS: El diplomático australiano Robert Bowker dice en Egypt and the Politics of Change in the Arab Middle East que en España se traducen anualmente más libros que los traducidos al árabe en los últimos mil años

7.10.11

Rumbo al este...

Emociona viajar a un sitio por vez primera. Es como la primera cita, qué le pareceré, me gustará, qué pensará de mí. Parto para el Oriente Próximo. Para esa confusa zona del mundo de la que viene la identidad de gran parte del mundo actual Si somos Grecia más Roma, nuestras religiones vienen todas de de aquella ribera del mediterráneo. Y aunque yo no sea ya un hombre religioso, la vida me ha enseñado a respetar las creencias de otras personas.

Nunca estuve allí, pero tengo la sensación de conocerlo de antiguo. Viajé cerca mientras leía el extraordinario libro de Ascherson sobre el mar negro, cuna de civilización y barbarie. Allí soñé con los lace, un pueblo sin identidad. Maic, compañero, amigo y anfitrión, me hizo ir con él desde el monte santo, recorriendo los lugares de Bizancio a lo largo de los siglos. Llegaron más lecturas, cómo olvidar a Lapierre y Collins y su oh Jerusalén. También Juaristi, quien me recordó que la heteronimia es judía por definición (y todos sabemos como es Pessoa, ¿verdad Mi Coronel?) ante la desconfianza que producen las identidades.

Aquel mundo mestizo, de minorías soportadas, ha ido desapareciendo ante el avance de la modernidad y de sus imaginarios limpios, impolutos y ordenados: aquí los judíos, ahí los cristianos y más allá los moros. Aquí los turcos, allá los griegos y para este lado los sirios. O los libaneses. Aquel brutal trasvase entre Grecia y Turquía. Ese horror de 1948. Cómo si sólo fuéramos mercancía etiquetada. Esa sensación de que a muchas personas la identidad, como la religión, les interesa sólo como rito o como mecanismo de control social. Como si lo único importante de alguien un domingo es saber si ha ido a misa por la mañana y por eso no está por la tarde en casa. Como si los ritos nos evitaran pensar. Como si la sinagoga fuera más importante que el camino que nos lleva hasta ella; como si el muecín fuera mejor persona que el hombre que pasa distraido por la calle.

Marcho al Líbano. Llevaré los ojos bien abiertos, un libro entre las manos y buena compañía a mi vera. Sólo así, quizá, podré entender las cosas que no se ven.


PS: Una conferencia [...] que O'Brien dio en Belfast en 1968 examina la lucha en el Ulster como si se tratase del desafío de Antígona a Creonte. El acto de «desobediencia civil no violenta» en virtud del cual Antígona se propone enterrar a Polinices engendra una extrema violencia: determina su propio suicidio, el intento de Hemón de dar muerte a su padre y su suicidio, el suicidio de Eurídice, la esposa de Creonte, y la destrucción de la existencia personal de Creonte y de su autoridad política. «Un precio elevado», comenta O'Brien, «por ese puñado de polvo echado sobre Polinices»

George Steiner, Antígonas. Una poética y una filosofía de la lectura, Gedisa, Barcelona, 1996, pág. 146

6.10.11

Los ruidos de los demás y el coraje de la voz interior, como homenaje a Jobs.

Chateaubriand dejó escrito es unas deliciosas memorias que "Los hombres que desaparecen jóvenes son vigorosos viajeros; hacen deprisa un camino que unos hombres más débiles acaban a paso lento"

Jobs no era ya joven, pero sí que fue, toda su vida, un vigoroso viajero. El hombre cuya sola existencia demostraba, de nuevo, que toda la morralla marxista sobre la clase vale para las ovejas, pero no para los hombres. Que cada persona es dueña de su destino, y que todos, como quería el bardo inglés, estamos hechos de la misma materia que los sueños.

El hombre que soñó cosas que hoy nos parecen evidentes: cada uno con su ordenador, un teléfono que a la vez hace fotos, una tableta para navegar y el acceso a todo el conocimiento desde el lugar más remoto.

Cosas que son parte de nuestra vida y que están aquí gracias a gente como él.

Sit tibi terra levis


PS: Aquel día Jobs dijo: “Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”

5.10.11

Vendimiar

Estuvimos de vendimia. Literalmente. Agachar el lomo, acercarse a la vid, cortar el racimo, echarlo al cesto. Estaba entrando el otoño y estábamos en Castilla. Soledad y ángulos rectos, lo dejó escrito el profesor Espada. Hay algo mágico en el proceso de creación del vino. En cómo la uva, pisada, se transforma en mosto, con todo el azúcar pringándote las manos, en cómo empieza a fermentar casi de inmediato, en cómo se come el oxígeno. En el prensado, en el fruto del trabajo de los hombres. Qué pensó el primer hombre que hizo vino, el primero que vio que de ahí salía una bebida que otorgaba valor al cobarde y resolución al indeciso. Cómo se dio cuenta. Otra cosa que viene Roma. Y qué han hecho por nosotros los romanos, nos siguen preguntando los Reg de hoy en día. Todo el proceso sigue siendo, por las tierras de Maderuelo, artesanal. Esas bodegas que nadie sabe de donde salieron: “Aquí nadie recuerda que esto lo hiciera el abuelo del abuelo o algo así… son muy antiguas”. Un proceso similar al que aquí se desarrollaba hace cientos de años. A los pies de Somosierra, al otro lado del macizo, ha ido entrando el otoño. La hospitalidad de sus gentes es legendaria. Filo sonríe y nos abraza a todos. Son tantos años ya, yendo y viniendo. El otoño es lento, aunque empieza a cambiar el color de los negrillos. De vuelta a Madrid, paramos en la Venta Juanilla, y no puedo dejar de brindar por los Pasionistas de Peñafiel, la primera revista que dirigí en mi vida, con apenas trece años. Y aquel soniquete de que en La Venta Juanilla, nunca te pares

PS: Hermoso y delicado adiós el que le dedica Muñoz Molina a Mermall. Se nos va toda la gente de la Europa central y oriental que sobrevivió al horror y que supo vivir para contarlo después.

4.10.11

Charlando

Hablar. Siempre hay que hablar. Nos hacemos viejos cuando dejamos de hablar; cuando dejamos que otros imaginen lo que queríamos decir, o lo que sentíamos, o lo que pensábamos. Me llamó Jesús. Repaso a la vida. A toda. También a la Política. Ese puesto soñado en el Cervantes, en Lisboa primero, para ver caer las tardes de otoño frente al mar, desde el Chiado. “Jesús, pero creo que me pasará como a Aulestia, ya sabes, aquello que dijo de “ahora que han ganado los míos, ya no sé si soy de los nuestros”.

Las personas que piensan sobran en todos los sitios”, me dice desde su mágica ciudad, con la melancolía que dan los años y saber que él era el bueno y que el Bugallal manchego es sólo una estafa, jesuítica, que ejemplifica de manera sutil el drama de un país que no terminó de dar el salto hace veinte años. Uno sólo es útil, pienso cuando lo oigo, cuando vive para la rutina, sin hacerse preguntas. Sin cuestionarse las respuestas. Aceptando con mansedumbre el destino traidor. Pero yo le recuerdo que si nosotros callamos, ¿quién hablará?, como nos dejó escrito, para todos nosotros, Schopenhauer. Hablamos de viajes. Porque en breve nos vamos los dos. Él, a la Toscana, como antes fue a Berlín. Yo, al Próximo Oriente, ya le contaré, desocupado lector. Y en la conversación nos sale ese montón de recomendaciones que siempre llevamos guardado en el zurrón. Recomendación sobre la vida. Un viaje al País Vasco. Otro a Toledo, de nuevo, quizá también como regalo. También, a la Sanabria, que lo sigue esperando. Y nos salen libros; claro, para Italia y para Oriente. Y nos salen los artículos; ese que tenemos pendiente sobre la identidad fallida de una región manchada, vía John the Minor. Y mientras hablo con él me doy cuenta de que los días, incluso cuando son grises y a uno le duele la cabeza, cambian de color en función de las personas que tenemos cerca. No sé cómo no lo tiene todo el mundo claro.


PS: En el fancine de PRISA de 19 de marzo de 1983 se podía leer, de manera literal: “Según declaraciones del propio José Bono, en un principio desestimó la propuesta de la ejecutiva federal de ser nombrado candidato, pero después de tres días de reflexión ha decidido aceptarla, haciendo constar la carga y el sacrificio personal que ésto supone para mí". Asimismo ha declarado que no ha movido ni un solo dedo por ser propuesto para presidenciable”.


Coda: fantástica conferencia en el Colegio de Filosofía y Letras. Es el oído lo que nos hizo humanos. Una pena, en todos los sentidos.

3.10.11

Un país cercano...

Este próximo miércoles comienza Liber, la Feria Internacional del Libro. Rumanía: un invitado de honor cercano. Y querido. No sólo fue aquel viaje, que hice de la mano de Kaplan y que terminó, claro, en el hotel brindando por las personas que escriben y que, al hacerlo y dar forma a sus sueños, nos enseñan a entender los nuestros. No, no fue sólo aquello. Fue descubrir aquella Europa que nos escamotearon a medias el comunismo y la reforma educativa. Aquella Bucarest en la que se editaban más libros en francés que en ninguna otra ciudad europea, exceptuando París. Aquella calle Victoria, elegante como un sueño. Aquella literatura que empezó a hacernos ver Magris en su Danubio imperial y que luego vino de la mano de Andric, que nos trajo Jesús, de la mano Roth, que murió alcohólico y solo, ante las miradas de reproche de la sociedad burguesa, de Marai, que huyó, de Andrujovic, que se quedó, perdido en un aeropuerto porque hay llegado junio y ya estoy a otra cosa, chaval. Uno no es el mismo tras entrar en la vida de otra persona, y leer un diario es abordar una vida, como demuestra el Diario de Mihail Sebastian; la caída de una sociedad en la miseria, en el horror; el antisemitismo como refugio de los canallas. La condición de judío como estigma, aunque uno sepa ni que lo es. Cuando uno ha de renunciar a lo que es sólo para sobrevivir. Luego llegó Norman Manea y llegó, en cierto sentido, también la Müller. Y llegó Mircea Elialde. Y tantos otros. Me quedaré ciego el día que no tenga nadie cerca para recomendarme libros, para descubrirme literaturas. Para contarme vidas. Para hacerme crecer. Es lo que hay. Y también le pasará a usted, desocupado lector. Ya lo verá.

Un país fantástico, Rumanía, un país cercano y amigo. Un mar de imaginación latina rodeada de bosques eslavos. Y judíos. La vida como desarraigo. Un país que leer y sobre el que huir de los tópicos, tan bobos y tan fáciles, construidos a medias entre la ignorancia y la televisión.


PS: En alguna parte, en una isla con sol y sombra, en plena paz, en plena seguridad y en plena felicidad me tendría sin cuidado ser o no judío. Pero aquí y ahora no puedo ser otra cosa. Y creo que tampoco quiero.

Sebastian, Mihail: Diario (1935-1944), Entrada del 17 de diciembre de 1941.

2.10.11

Pasando por librerías...

Sale uno a la vida, con la caña preparada y de vez en cuando pesca algunos libros. Pocas cosas me gustan más que pasear entre libros, recomendando alguno en especial y dejando volar mi soñador y piscícola carácter, mientras cae la tarde de septiembre y siento que la tierra me espera al final del camino. De pronto, me tropecé con Pedro, el justiciero. El rey más poético del Medievo castellano. Aquel que hizo leyenda de Men, el que ajustició a Coronel, porque esta es Castilla, la que face los omes e los gasta. El hombre al que sirvieron, fieles, Men y Fernando Ruiz de Castro, aquel que demostró ser “toda la lealtad de España”. Una crónica de la lucha de la nobleza contra su Rey, veremos a ver qué tal.

Pero también por la web. Había que estrenar amazon en cristiano. Un libro con muy buena pinta a la hora de analizar un futuro sombrío. Los periódicos. Qué pasará con ellos. Cómo rezaremos la oración de la mañana los hombres que pensábamos que habíamos nacido en Ilustración cuando sólo haya agregadores de noticias de sexo y futbol. Cuando nadie nos ayude a entender el día. Cuando el propio Arcadi ya no esté, y sólo haya bobadas donde antes había noticias. La crítica, fantástica, me sedujo ya en la Revista de libros, así que fui a por él. Y ya me llegó. Jodíos protestantes, mira que son eficientes…


PS: en su crítica, Bustos escribió: “El aval de veracidad que imprimen los grandes medios gracias a la solvencia de su imagen de marca seguirá muy vigente, con o sin papel, frente a la rumorología desatada de blogueros y «periodistas ciudadanos». Rebelarse contra el poder de los mediadores es como rebelarse contra el taxista: si no te satisface el servicio, súbete a otro taxi, pero nadie duda de que es más cómodo, inteligente y seguro dejarse llevar por un conductor experto que conducir uno mismo. Las élites seguirán leyendo periódicos y seguirán montando en taxi”.

1.10.11

Una mujer, un dedo prensil y una metáfora...

Llegó, puntual a su cita, el último libro del Círculo. Una antología poética. Abrir la antología de un poeta es acudir a una primera cita, es ver a alguien en toda su dimensión por ver primera; es intuir un cuerpo desnudo bajo las mantas, allá cuando mediaba el invierno porque se acababa febrero... En esta ocasión era César Antonio Molina. El hombre que no consiguió que el presidente Zapatero lo acompañara nunca al Nacional del Prado porque “tengo partido de baloncesto esta tarde majo”. El ministro más periférico en los años de su régimen. Periférico en todos los sentidos. Un hombre al que me acerqué a base de lecturas, y que me dejó desarmado cuando me enseñó que es verdad que hay lugares donde se calma el dolor. Lugares donde rezar, donde callar, donde pensar. Donde olvidar. Abrir las páginas al azar y leer despacio. Paladear los poemas en gallego, otra hermosa y dulce lengua española: saborearlo antes de leer la traducción al castellano. Abandonarse a la lectura.
Cierro el libro de golpe y pienso: lo que nos diferencia del resto de la creación no es la inteligencia, ni el dedo prensil… no. Lo que nos diferencia es la poesía. La capacidad para crear metáforas. La capacidad de escribir y entender, por ejemplo, que “siempre la claridad viene del cielo”. Nada más que eso. Y nada menos.

PS: César Antonio Molina escribió: “Lugares que me guardan de todos los regresos. / ¡Una ausencia te hace! / ¡Una ausencia te deshace!”