"Todas las hieren, la última mata", decían los clásicos de las horas y del paso del tiempo. Diez años ya.
De fondo, Cruzando el paraíso, de Loquillo.
Otra vida.
Otras vidas...
Visión más o menos liberal de lo que pasa. Reflexión sobre la cultura, la sociedad y la vida. En general. Se admite debate.
"Todas las hieren, la última mata", decían los clásicos de las horas y del paso del tiempo. Diez años ya.
De fondo, Cruzando el paraíso, de Loquillo.
Otra vida.
Otras vidas...
El Loco, en El Mundo: "De aquella Barcelona tuvimos que irnos en 2006 porque se convirtió en una batalla perdida. Y eso que yo me fui antes de que llegara el independentismo actual. No existíamos en la radio ni en televisión. Y mi compañera y mi hijo se mudaron a Donosti. Entonces, el mundo al que yo pertenecía desapareció. Era el final de una época. La ciudad que había alumbrado los Juegos Olímpicos que dieron la vuelta al mundo fue de decadencia en decadencia. En mi libro no hay nostalgia sino memoria. La Barcelona que conocí se fue y yo con ella".
Qué interesante es escucharle o leerle. Siempre...
El Loco, el otro día en La Lectura. Este párrafo, sobre sus orígenes y sobre la basura nacionalista: Venía de un barrio de gitanos y me llamaban charnego con desprecio. Los chavales no querían venir a mi casa a estudiar. Pero conseguí hacerme respetar. Nunca olvidaré el consejo que me dio mi padre. "Elige a tus amigos, no dejes que te elijan ellos a ti, y si alguno se pasa contigo le metes y punto". Por eso cuando la izquierda burguesa trata de explicarme por qué tengo que sentirme orgulloso de mi procedencia me da la risa. No saben que hace 20 años publiqué El charnego ni comprenden la esencia de un mestizaje que bebe de París y Nueva York, de Willie Colón y Bruce Springsteen, de la rumba catalana de Peret y los Crazy Cavan. Yo pertenezco a esa Cataluña mestiza que el nacionalismo trató de erradicar.
Y dos canciones de fondo, para leer la entrevista: La Libertad y Somos la furia. Disfrute, lector.
Hablaba el otro día de cuando la poesía se hace música. Me hice en Itunes, pagándolo, claro, con el último disco de Loquillo. Ponerle música a un conjunto de poemas de alguien tan heterodoxo como Luis Alberto de Cuenca. El resultado es espectacular. Lo es, vaya si lo es. Llevo dos semanas escuchándolo. Impresiona. Además, decidí acercarme a él como se acerca uno a una mujer desnuda, dejándome llevar por las sensaciones, dejando que el azar guíe mis manos y que el azar me indique el camino para poder degustar olores nuevos, saborear pliegues escondidos, mirar silencios con las manos... Por eso, decidí ir oyendo canciones sin seguir ningún orden. Y aún estoy tarareando. El disco se abre con un canto a la incorrección política. Un poema delicioso que sólo alguien como De Cuenca puede escribir. Un canto a las mujeres rubias, a las que quieren con locura y para siempre, a las que no han renunciado a ser mujeres y que, además, odian el mediterráneo. Esas mujeres de tierra adentro, que son capaces de mirar de frente a las verdades más sagradas. Esas mujeres por las que, siglos atrás, hubiéramos ido de cabeza a la hoguera.
Esas mujeres que quizá sólo existen ya en mi imaginación.
PS: uno de los tipos que salen al fondo en el video clip es el propio De Cuenca. Fantástico.