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21.1.24

Mujeres que leen

Delicias de agosto. Una hermosa evocación (aún más dulce en el coche) publicada en Jot Down por Josep Lapidario el otro día, sobre las mujeres que leen y sobre las mujeres que duermen. De fondo, algunas obsesiones. El atractivo de la inteligencia, por ejemplo. O la belleza de una mujer profundamente dormida. Y como ambos temas me interesan, y además me encanta la buena literatura, ya me dirán ustedes cómo iba a resistirme a un inicio de artículo que dice así:


"La vida no vale nada si no tienes una obsesión”, dijo John Waters. Yo tengo varias, pero dedicaré este artículo a dos de ellas: las mujeres que leen y las mujeres que duermen.



Una buena lectura para un sábado, como es hoy, de agosto.  Enjoy it, desocupado lector...

23.3.18

La brecha por la maternidad, de un plumazo

Lo publicaba el otro día Actualidad económica y, como creo que no está en su web en abierto, lo reseño aquí. Entiendo que gran parte del análisis está basado en el trabajo de Murillo y Simón "La gran recesión y el diferencial salarial por género en España".

Siempre me he preguntado por la brecha salarial: llevo muchos años trabajando en entornos cualificados y nunca he visto que se pague menos a una mujer por serlo. Mi entorno no es represetnativo, lo tengo claro, pero no entendía el concepto: ¿de verdad alguien paga menos a una mujer por serlo? 

Leo en el artículo que esta brecha ascendía en 2015 al 22,8% (una remuneración promedio de 25.992 euros frente a 20.051). ¿Por qué? 

Los hombres trabajan más horas que las mujeres, casi seis horas más a la semana dado que la jornada a tiempo parcial está más extendida entre ellas (24,1%, frente al 7,3% de los hombres, datos de 2017). Por ello, lo que su usa es el salario promedio por hora trabajada. Ahí los datos de la brecha ya se quedan en un 14,2%, brecha inferior por cierto a la de Alemania (22%) o Austria (21,7%) o Dinamarca (15,1%) Esta brecha además se ha ido reduciendo, pues era del 18,1% en 2007. 

¿Dónde está la clave? Los mejores salarios están en sectores donde hay más hombres (sector suministro energético, un 80% de varones) y los peores salarios están en el sector doméstico, donde un 88% de los empleados son mujeres. Además, la antigüedad de los varones en sus empleos es superior al de las mujeres y por ello disfrutan de manera correlativa de empleos con mayores responsabilidades y por lo general mejor pagados. 

Pero esto no lo explica todo: en los españoles con menos de 30 años, la brecha es inexistente en términos estadísticos (un 3%), luego la clave es la maternidad en realidad: tanto en España como en Dinamarca es más o menos un 20%, y allí después de muchos años de políticas públicas: un porcentaje de mujeres cuando es madre reduce la jornada y, por lo tanto, ve reducido su salario: lo que se penaliza de manera salarial no es ser mujer, es ser madre.  Y ese, es otro tema...


10.3.18

¿Neutralidad?

Los algoritmos no son neutros; ya lo sabíamos. Y las minorías y las mujeres parece que son los que peor lo tienen en el mundo al que nos dirigimos. 

11.7.17

Aquellas mujeres

Aquellas mujeres de las que hablaba el otro día Lucía Méndez

Aquellas mujeres que lucharon para que sus hijas vivieran en otro mundo. Que entendieron que el futuro no pasaba por la trilla sino por los libros. 

Aquellas mujeres, digo...

19.8.15

La emperatriz desconocida (II)

La realidad es siempre más compleja que el relato que generamos de ella. Y a veces situaciones puramente personales ayudan a entender los cambios que se producen  Ahí está Cixi, la Emperatriz viuda. Tres mujeres ayudaron  a combatir en su época la mala imagen que occidente tenía de ella: Sarah Conger, la mujer del embajador norteamericano; Katherine Carl, pintora; y Louisa Pierson, hija de un comerciante norteamericano y una mujer china. Cada una a su manera, las tres fueron matizando la idea que la emperatriz tenía de occidente y, también a su manera, cada una de ellas se convirtió en un altavoz de la gran defensora de la modernización. En una sociedad, por cierto, profundamente machista y en el que las mujeres aún tenían que llevar los pies vendados y no podían realizar casi ninguna actividad por sí mismas. 

6.3.14

Violencia contra las mujeres

La Agencia de Derechos fundamentales de la Unión ha presentado un estudio que habrá dejado sin habla a los profesionales del lamento, la jeremiada y la excepcionalidad española. Resulta que en la negra España, ese país tan diferente, tan sórdido, tan lamentable, tan machista y tan lejano de Europa y de la civilización, el maltrato a la mujer es exactamente la mitad que en la hermosa Francia, y está aún más debajo en relación a la gran Suecia o la soñada Dinamarca...

Y qué cosa tan curiosa, lo apunto sólo como motivo de reflexión, que países tan bárbaros y tan católicos como Portugal, Polonia e Irlanda, presentan tasas de violencia muy inferiores al resto...

Ardo en deseos de ver la explicación que nuestra progresía de guardia da a esta realidad intolerable, más allá de la bobada esa del CGPJ de pensar que una ley cambia culturas en cinco años...

10.6.13

Aquellas mujeres...

Mujeres. Las imagino fuertes. Las recuerdo valerosas. Las veo en aquella Sanabria, en aquel mundo que fue desapareciendo conforme avanzaba el siglo. Quiero imaginar así a muchas de las mujeres de las que vengo: aquella Micaela, muerta joven; aquella Paula, muerta de pena; aquella Petra, la mujer más sabia que los siglos vieron nacer en San Justo y que casó en 1883 con un nombre al que se tragaron las minas. Y si las quiero describir, quiero hablar de ellas como lo hace Héctor Abad con su madre y su abuela en el olvido que seremos (página 71).

“Creo ver en la mente de mi abuela Victoria, y también en la de mi mamá, una cierta conciencia atormentada por la contradicción de sus vidas. La abuela y mi mamá siempre fueron, por temperamento, profundamente liberales, tolerantes, avanzadas para la época, Sin una brizna de mojigatería. Eran alegres y vitales, partidarias del gozo antes de que nos coman los gusanos, patialegres, coquetas, pero tenían que ocultar este espíritu dentro de ciertos moldes externos de devoción católica y pacatería aparente. Pero al mismo tiempo [Mi abuela] no podía liberarse de su educación a la antigua. Y así, trataba de compensar su liberalismo de temperamento con un exceso de muestras exteriores de fervor y adhesión a la iglesia, como si se pudieran salvar las formas, y de paso su alma, a fuerza de los rutinarios rosarios que rezaba y de los ornamentos que cosía para los curas jóvenes de las parroquias pobres.

Esas mujeres alegres, liberales por temperamento, atrapadas entre la oscuridad de su entorno más cercano y un aterrador, esa es la palabra: aterrador, complejo de culpa.

Esas mujeres alegres.

Esas mujeres.


Esas.  

8.10.12

Aquella sonrisa


Cerrado el ciclo de la Roberts con La sonrisa de mona lisa, quizá la película con más empaque de todas. De inicio, algunas sorpresas agradables, como encontrarme con el pendenciero McNulty convertido en un seductor profesor de italiano, o con el liviano Roger Sterling transformado en un novio alejado. De fondo muchas películas en una sola, muchos personajes en uno. El papel de la mujer en los años cincuenta en occidente. Un mundo que empezaba a cambiar (En cuanto me gradúe pienso casarme, -¿y después?- ¿Después? Después estaré casada). Aquellos pactos que nuestras abuelas firmaron, y quizá nuestras madres, pero que nosotros no estamos obligados a respetar. Porque las cosas han de construirse desde el respeto y desde la admiración, no desde el silencio o la resignación. Y ni así tiene uno claro que termine funcionando. La necesidad de buscarse a uno mismo en este cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota que es la vida. La necesidad de saber quiénes somos para saber lo que queremos. O, al menos, lo que no queremos.
Una buena película, para entender el mundo del que venimos...




PS: me acordaba de aquella carta que un joven Ortega le escribe, ¡en 1905! a la que sería su mujer: 
"Hace falta en ideas marchar al lado del hombre, no estar jamás atrás, ser para él lo que un poeta ingles, Shelley,decia a su amada: "Tú eres mi mejor yo". Quiero que seas fuerte, que seas independiente, que seas tú. Te quiero tanto que deseo, que necesito, que puedas defenderse y no dejarte ganar por las ideas ni las voluntades de nadie, aunque ese alguien sea yo"


11.9.12

La gente peligrosa y la educación de la mujer...


Aquella gente peligrosa. El papel de las mujeres.  Si la educación en aquellos momentos era escasa y rígida, para las mujeres era inexistente: aprender a bordar las más pobres, algo de canto o algún idioma para las ricas. Pero la concepción era la misma en ambos casos: seres peligrosos a los que no formar porque, en el fondo, eran el diablo que hacía enloquecer al hombre. Para la gente peligrosa que protagoniza el libro, para aquellos radicales que perdieron la batalla de la Ilustración, la mujer era algo más. Mucho más. Era algo revolucionario. Aunque externamente permanecieron ligados a la moral de la época: esposas, amantes… iban buscando algo que los conecta con esa revolución del siglo XX que ha supuesto, en occidente, la visibilización de las mujeres.  Y es que tanto Diderot, con Sophie Volland, como Grimm, otro de los amigos peligrosos, eligieron como amantes a compañeras en el sentido último de la palabra: personas con las que compartir no sólo lecho, sino también inquietudes, miedos, temores, confidencias.

Eran gente peligrosa porque acabaron asumiendo, pese a su entorno, pese a su formación, que en la vida es mejor sumar que restar…


PS: "Si bien muchos contemporáneos pensaban que esta situación  [la falta de educación de la mujer] era aceptable a causa de la inferioridad intelectual de las niñas, Diderot, D´Holbach y Grimm opinaban que las diferencias en materia de logros entre hombres y mujeres eran el resultado de una educación deficiente e incluso represiva, de un vasto sistema montado para oprimir a las mujeres [...]" 
Blom, P.: Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea. Anagrama, Barcelona, 2012. Página 303

8.9.12

Las mujeres y la gente peligrosa


Aquella gente peligrosa. Su relación con las mujeres. Estábamos en el XVIII. En mi pueblo, Blas Cantón levantaba una capilla y las mujeres pasaban de hijas a madres sin haber sido nunca personas del todo. No sabían escribir. No hacía falta; ¿para qué? Si hasta las herencias las hacían sus maridos o sus hijos. En el Salón de D´Holbach, entre tanto, se juntaban algunas personas que pensaban que una mujer era mucho más que una madre, o que una amante. Esa visión total de la mujer entendida como alguien dotado de autonomía propia y cuyo papel trasciende los roles asignados era algo revolucionario en la época. Para algunos de aquellos radicales, la mujer es alguien que nos acompaña en el camino de la vida. Es esa persona que nos ayuda a crecer. Esa persona sin la cual no somos nada.

Ahí está el caso de Denis. Diderot casó mal. Cosas de familia. No quería ser cura y al final tuvo que sentar la cabeza. Su mujer no lo entendió nunca: siempre entre libros, siempre hablando, siempre conversando. Por eso, buscó en otro lugar lo que un aburrido hogar burgués de rosario y procesión no le daba. Y lo encontró. Vaya que si lo encontró. Quizá la historia entre Diderot y Sophie Volland sea una de las historias más fascinantes del libro. Intuir, sólo intuir, la manera en la que un hombre culto y sensible del XVIII era capaz de ver en una mujer algo más que un cuerpo sobre el que gozar o un capricho que sostener. Encontró una compañera para un viaje largo y duro. Y conocemos sólo una parte de aquel viaje porque no todas las cartas que se cruzaron durante años, sobre todo los veranos, que pasaban separados, porque Diderot estaba casado y se iba con su familia, no todas esas cartas, digo, han llegado hasta nosotros. Algunas fueron purgadas por los descendientes, que las consideraban poco adecuadas a la dignidad de un amantísimo padre de familia.

Seguiremos conversando sobre el tema. Está amaneciendo y la visión a estas horas de “las montañas más frías de toda Castilla”, como se referían los jesuitas en el XVIII a esas montañas que separan la Alta Sanabria de la Sanabria central es una visión demasiado cautivadora como para seguir escribiendo…


PS: “Aun cuando gran parte de ese extenso y apasionado epistolario se haya sacrificado por mor del decoro, los cientos de cartas que han sobrevivido siguen brindando un retrato extraordinariamente vívido de un encuentro de dos cuerpos y dos mentes que se prolongó durante más de dos décadas. Pues, además de sus sentimientos, Diderot escribió, entre otras cosas, sobre libros que ambos estaban leyendo y prosiguió en las misivas conversaciones iniciadas en sus encuentros con Sophie


17.6.11

Música y mujeres (un recuerdo)

Las mujeres que han marcado mi vida han dejado en ella, entre otras cosas, una memoria musical. Una memoria hecha a base de canciones que me las devuelven por un instante como en un bucle. Las imágenes se van tiñendo de sepia, pero no terminan de irse. Hubo aquella a la que recuerdo cantando aquello de “voldría ser capitá” con una voz dulce y bondadosa que desencajaba con el resto del perfil. Hay un recuerdo sobre un estribillo de los Panchos que me martillea la cabeza y del que no logro desprenderme. Se me junta con un recuerdo que va desde Marisol en Popayán, a trasluz, oscureciendo, hasta una bodega en el valle del Vidriales sobre música popular española.

Ocurrió el otro día. Salía de recoger las lentillas e iba andando a por el coche. A veces, de noche, las oigo cantar. Porque a veces, de noche, me transformo en Gabriel Conroy y todas las Gretta Conroy que ha habido en mi vida vienen a recordarme que yo también fui Michael Furey. A recordarme, en suma, que el papel que un hombre puede jugar en la vida se limita a ser Gabriel unas veces y ser Michael otra. Iba camino del coche, digo. Entonces la vi: salía del metro, e iba unos treinta o cuarenta pasos delante de mí. Fumaba. No me vio. Ni siquiera reparó en su coche, aparcado un centenar de metros más adelante. Y pensé, claro, en la canción de voldría ser capitá… Al llegar al coche paré y la seguí con la vista hasta que dobló, a la altura del Comité, para ir a su casa. Abrí la puerta, me senté en el asiento y arranqué…



PS: Ese último párrafo del relato “Los muertos”, de Joyce: “Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.”

28.9.10

La violencia doméstica

La violencia doméstica. Que los progres llaman de género. No tiene nada de género, los hombres que matan a las mujeres no lo hacen porque sean mujeres (no van matando mujeres desconocidas por la calle), lo hacen porque creen que son suyas, porque creen que pertenecen o han de pertenecer a su entorno más cercano. Los datos son aterradores, aunque no creo sinceramente que sean mayores que hace veinte o treinta años. Antes eran crímenes pasionales y la sociedad miraba hacia otro lado. Ahora, gracias a dios, ya no.

Es aterrador que un hombre mate a la mujer a la que ama o ha amado porque ésta quiera abandonarlo. Esa consideración de la mujer como un apéndice, necesario, pero sólo como un apéndice. Como una amante, como la madre de unos hijos…. Como un medio para algo, y nunca como un fin en sí mismo. Esa consideración, tan habitual, de la mujer como alguien profesionalmente secundario cuya misión última no ha de salir demasiado de los límites de la casa. Esa mentalidad, tan arraigada en el islam, de la mujer como algo sucio e incompleto, capaz de trastornar al hombre, tal y como narró en su magnífico libro Ayan Hirsi Alí (no se lo pierda, desocupado lector).

Nunca he entendido cómo alguien puede hacer daño a alguien a quien dice amar. Nunca he entendido la pareja como un espacio de limitación, sino de realización. Quizá porque yo, a la contra, siempre he ido buscando pájaros y no jaulas hermosas sobre las que gastar las tardes de una vida al abrigo de la melancolía. Y porque siempre he sabido, como Laboa, que un pájaro sin alas no es un pájaro.

Una forma de entender la pareja que, en el fondo, no es sino una forma de entender la vida.



PD: Mikel Laboa escribió: Si le hubiera cortado las alas / habría sido mío, / no habría escapado. / Pero así, / habría dejado de ser pájaro. Y yo... / yo lo que amaba era un pájaro.

27.1.07

He conocido tantas mujeres así...

La separación de los papeles de las mujeres y de los hombres es el principal objetivo del modelo victoriano: ellas deben ser recatadas, frágiles, ajenas a las pulsiones sexuales, disciplinadas en las expresiones (ni una sola palabra soez debía aparecer en sus labios), una "figura de porcelana" que evita los movimientos bruscos, que se sofoca con facilidad, que está pendiente de sus jaquecas. Nada de política ni de deporte [...].
Ruiz-Domènec, José Enrique: La ambición del amor. Historia del matrimonio en Europa. Página 245.