21.1.24
Mujeres que leen
23.3.18
La brecha por la maternidad, de un plumazo
Pero esto no lo explica todo: en los españoles con menos de 30 años, la brecha es inexistente en términos estadísticos (un 3%), luego la clave es la maternidad en realidad: tanto en España como en Dinamarca es más o menos un 20%, y allí después de muchos años de políticas públicas: un porcentaje de mujeres cuando es madre reduce la jornada y, por lo tanto, ve reducido su salario: lo que se penaliza de manera salarial no es ser mujer, es ser madre. Y ese, es otro tema...
10.3.18
¿Neutralidad?
11.7.17
Aquellas mujeres
Aquellas mujeres que lucharon para que sus hijas vivieran en otro mundo. Que entendieron que el futuro no pasaba por la trilla sino por los libros.
Aquellas mujeres, digo...
19.8.15
La emperatriz desconocida (II)
6.3.14
Violencia contra las mujeres
10.6.13
Aquellas mujeres...
8.10.12
Aquella sonrisa
11.9.12
La gente peligrosa y la educación de la mujer...
Blom, P.: Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea. Anagrama, Barcelona, 2012. Página 303
8.9.12
Las mujeres y la gente peligrosa
17.6.11
Música y mujeres (un recuerdo)
Las mujeres que han marcado mi vida han dejado en ella, entre otras cosas, una memoria musical. Una memoria hecha a base de canciones que me las devuelven por un instante como en un bucle. Las imágenes se van tiñendo de sepia, pero no terminan de irse. Hubo aquella a la que recuerdo cantando aquello de “voldría ser capitá” con una voz dulce y bondadosa que desencajaba con el resto del perfil. Hay un recuerdo sobre un estribillo de los Panchos que me martillea la cabeza y del que no logro desprenderme. Se me junta con un recuerdo que va desde Marisol en Popayán, a trasluz, oscureciendo, hasta una bodega en el valle del Vidriales sobre música popular española.
Ocurrió el otro día. Salía de recoger las lentillas e iba andando a por el coche. A veces, de noche, las oigo cantar. Porque a veces, de noche, me transformo en Gabriel Conroy y todas las Gretta Conroy que ha habido en mi vida vienen a recordarme que yo también fui Michael Furey. A recordarme, en suma, que el papel que un hombre puede jugar en la vida se limita a ser Gabriel unas veces y ser Michael otra. Iba camino del coche, digo. Entonces la vi: salía del metro, e iba unos treinta o cuarenta pasos delante de mí. Fumaba. No me vio. Ni siquiera reparó en su coche, aparcado un centenar de metros más adelante. Y pensé, claro, en la canción de voldría ser capitá… Al llegar al coche paré y la seguí con la vista hasta que dobló, a la altura del Comité, para ir a su casa. Abrí la puerta, me senté en el asiento y arranqué…
PS: Ese último párrafo del relato “Los muertos”, de Joyce: “Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.”
28.9.10
La violencia doméstica
La violencia doméstica. Que los progres llaman de género. No tiene nada de género, los hombres que matan a las mujeres no lo hacen porque sean mujeres (no van matando mujeres desconocidas por la calle), lo hacen porque creen que son suyas, porque creen que pertenecen o han de pertenecer a su entorno más cercano. Los datos son aterradores, aunque no creo sinceramente que sean mayores que hace veinte o treinta años. Antes eran crímenes pasionales y la sociedad miraba hacia otro lado. Ahora, gracias a dios, ya no.
Es aterrador que un hombre mate a la mujer a la que ama o ha amado porque ésta quiera abandonarlo. Esa consideración de la mujer como un apéndice, necesario, pero sólo como un apéndice. Como una amante, como la madre de unos hijos…. Como un medio para algo, y nunca como un fin en sí mismo. Esa consideración, tan habitual, de la mujer como alguien profesionalmente secundario cuya misión última no ha de salir demasiado de los límites de la casa. Esa mentalidad, tan arraigada en el islam, de la mujer como algo sucio e incompleto, capaz de trastornar al hombre, tal y como narró en su magnífico libro Ayan Hirsi Alí (no se lo pierda, desocupado lector).
Nunca he entendido cómo alguien puede hacer daño a alguien a quien dice amar. Nunca he entendido la pareja como un espacio de limitación, sino de realización. Quizá porque yo, a la contra, siempre he ido buscando pájaros y no jaulas hermosas sobre las que gastar las tardes de una vida al abrigo de la melancolía. Y porque siempre he sabido, como Laboa, que un pájaro sin alas no es un pájaro.
Una forma de entender la pareja que, en el fondo, no es sino una forma de entender la vida.
PD: Mikel Laboa escribió: Si le hubiera cortado las alas / habría sido mío, / no habría escapado. / Pero así, / habría dejado de ser pájaro. Y yo... / yo lo que amaba era un pájaro.
27.1.07
He conocido tantas mujeres así...
Ruiz-Domènec, José Enrique: La ambición del amor. Historia del matrimonio en Europa. Página 245.



