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1.6.24

Antes eran felices

Este mito del mundo que se fue lo tenemos grabado a fuego en lo más profundo de nuestros inconsciente. Claro que la modernidad trae riesgo, porque asumir la ficción de la individualidad exige mucha valentía, pero no creo que la solución sea recrearnos en un pasado que nunca existió. Lo que es relevante es no perder de vista la comunidad: individuos, sí, pero dentro de un entorno.

5.4.17

Populismo y secesión: el repliegue frente a la modernidad

Arcadi Espada y el carácter xenófobo de todos los nacionalismos: "España nos roba" nunca fue un lapo económico sino racial. En el fondo separatista están sumergidas las mismas tensiones del populismo de Trump o del de Le Pen: las de una parte importante de la población que se repliega ante la globalización y que desconfía de su lugar en el mundo.

Nada nuevo bajo el sol. En España tuvimos el carlismo hace ciento cincuenta años como bandera de enganche de gente que se replegaba ante la modernidad y desconfiaba de su lugar en el mundo.

24.7.15

La premodernidad, en una foto

Una de las características más acusadas, y más premodernas, del nacionalismo es su negación de la pluralidad. El país es uno solo y todos sus habitantes son solidarios entre ellos, entre ellos y con los muertos pasados. Entre ellos y con los vivos aún por nacer. Una unidad de destino, que decía  otro ¿pensador? nacionalista. 

Como el país es uno sólo, las elecciones son una cosa un poco boba, en fin, que se celebran porque queda mal no hacerlo. Pero lo mejor es ir con una lista del país. Los que no vayan en ella, no son del país, eso está claro. Y como el país es monolítico, también lo han de ser sus instituciones más representativas. Ahí está esa foto, repugnante, por lo que significa de exclusión: todo el club al servicio de la ideología de una parte de sus seguidores. 



Magnífico, a este respecto, Xavier Sardá el otro día en El Periódico. 

Lo que los nacionalistas no han entendido es que las organizaciones civiles, desde un club de fútbol hasta un Ateneo, son puntos de encuentro entre diferentes. No expresiones monolíticas de un sueño. Espero que Cataluña no se independice, pero no porque crea en una España eterna, como quieren hacer ver los nacionalistas. No. Lo espero porque no se pueden romper las reglas de juego entre unos pocos y, sobre todo, porque los derechos de las minorías están mejor defendidos en marcos de convivencia amplios. 

Cuanto más pequeño es el país, mayor es el infierno para los que no piensan como la mayoría. 

14.6.12

El pasado como representación (encuentros de otro tiempo)


Entro en la tienda. Hay cola. Me ve. Hombre, cómo estás, se dirige a la dependiente, ¿Sabes quién es?, le pregunta: O nieto de Paco o de Manuel, dice ella. Estamos en Madrid. Una ciudad de más de tres millones de habitantes. Pero en algunos lugares, pocos y estratégicos, la ciudad se transforma en la Sanabria de los años cincuenta. Y entonces una de los vicentines (re)conoce a uno de los ferreteros del Mercado.  Se saludan con cordialidad. Compra, paga y sale de la tienda. Entonces Madrid vuelve a ser una urbe anónima.

Hay un mundo que ya se va en cada uno de los gestos de (re)encuentro que se da en este Madrid cuyo cielo es el mar de Lisboa. Y se va, lo sé, porque nadie hablará ya de nosotros cuando aquí todo sea ciudad y no queden lugares donde viajar en el tiempo. Lugares donde volver a ver a mi abuelo, montado en su moto, bajando al Mercado a abrir la tienda, que se hace tarde ya...


PS: Martin Schifino  escribió una vez en la llorada Revista de libros: “[…] a salvo de aquello que Henry James le criticaba a la ficción histórica: la ingenuidad de creer que «lo real» puede capturarse sólo mediante «los pequeños hechos que se consiguen en pinturas, documentos y reliquias». Lo real, por definición, es lo que se escapa. James consideraba imposible, también, «la representación de la antigua consciencia, el alma, la percepción, el horizonte, la visión de individuos en cuyas mentes no existía la mitad de las cosas que constituyen las nuestras». […]  El pasado, dice, es un país extranjero, […].  Nunca seremos en él más que turistas”.

7.9.11

Llegar

Hay cosas que sólo se dan cuando uno ha vivido en un mundo en el que se siguen manteniendo las relaciones comunitarias. Esas relaciones donde las personas que te tratan conocieron a los tuyos y eso les ayuda a formarse una imagen de quien eres, o de quien fuiste o de quien serás. Charlábamos con el ponente mi caro John Chisum y yo a la salida de la conferencia y empezamos a ponernos cara. Yo soy de San Juan de la Cuesta, nos dijo, pues yo soy el nieto del hijo de Pedro Barrios, le contesté, y me dijo: no me digas; mi abuelo era íntimo amigo del tuyo. Ninguna visita al Mercado podía empezar por un sitio que no fuera la casa de tu abuelo. Los dos eran cazadores, y fueron muchas veces de caza durante muchos años por esta tierra. Y seguimos charlando y nos descubrimos varios buenos amigos comunes, como ese gigante que es Juan Andrés, el hombre que lleva sobre sí toda la memoria de la emigración de estas tierras. Y en un rato nos emplazamos a vernos en Madrid y nos despedimos con un abrazo. Un abrazo de esos que sólo saben dárselo aquellos que comparten ese lazo misterioso al que aún no sé ponerle nombre pero que te permite conocer a una persona desde antes de haberte encontrado con ella. Esa sensación que nos permite echar una tarde de domingo al sol, tranquilamente, sin prisa, sin pausa; echar la tarde y charlar con la naturalidad con la que se tratan quienes quizá se conocen mucho más y desde mucho antes de lo que parece…


PS: Alexis de Tocqueville escribió: "Así, [el mundo moderno] no solamente hace olvidar sus antepasados a cada hombre, sino que le oculta sus descendientes y le separa de sus contemporáneos, y le conduce constantemente hacia sí mismo y amenaza con encerrarle por completo en la soledad de su propio corazón

26.5.06

Comunidad y Sociedad

Almuerzo el otro día con Josemanuel. Ambos hemos tenido la suerte de vivir en primera persona mundos ya en transición. Nos criamos inmersos en círculos comunitarios, pero ahora trabajamos y nos movemos en un mundo de relaciones societarias. La distinción entre comunidad y sociedad fue establecida, creo, por primera vez por Tönnies, de un modo similar al siguiente: en la comunidad (Gemeinschaft) predomina la voluntad natural como forma de asociación; en la sociedad (Gesellschaft) predomina la voluntad racional. Son dos conceptos magníficos que explican muchas de las cosas que ocurren en la modernidad.

Todos participamos de ambos tipos de vinculación comunitaria, pero a nosotros, los que nacimos cuando el mundo rural empezaba a morir, nos ha sido posible ver ambas.

- Ver un mundo con terrenos aún comunales, en el que te identifica el apodo y la familia de la que procedes, en el que uno deja la puerta abierta cuando se va y sabe que puede acabar cenando casi en cualquier casa. Un mundo donde a los miembros de la comunidad se le hacen favores porque sí, no para obtener otro favor futuro y en el que, además, los enfados son de por vida...

- Junto a esto, también hemos visto el mundo societario. En el que uno no tiene apellido ni apodo, sino su esfuerzo para salir adelante. En el que uno ha de ganarse el reconocimiento, en el que ha de trancar con llave la puerta, en el que tu padre no puede colocarte, en el que los enfados acaban al día siguiente.

Dos mundos. Una sola vida.

¿Frase del día?

"[...] nadie debería escribir su vida sin haber tenido la paciencia, antes de fechar su propia existencia, de recordar por lo menos a la mitad de sus abuelos"
Günter Grass. El tambor de hojalata.