14.9.09

En La Montaña

Estuvimos en Santander. Nunca podré odiar estos burgos de los que demora su partida el invierno. La Montaña. Una parte de mi infancia quedó allí, cogiendo navajas en la bajamar, cerca ya de Vizcaya. Pero Santander, la capital, se me resistía. Nos alojamos en el Santemar, frente al Sardinero. La ciudad, hermosa, huele a aristocracia de otoño. Un sistema de préstamo de bicis magnífico nos permitió recorrernos la ciudad. La Magdalena, regalo de un pueblo a sus reyes. El Hotel Real. Almuerzo en los Peñucas, por aquello del presente perico de Ivan de la Peña. Simplemente correcto, desde mi punto de vista. Pereda arriba y abajo, las playas. Un paseo por la bahía. Almuerzo también en Zacarías, recomendación expresa del amic Joao.

Durante el viaje y el fin de semana, un par de lecturas; el ensayo de Iwasaki: Republicanos, cuando dejamos de ser realistas. Creo que el tema da para más. La relación entre España y su Imperio. Pero creo que el autor lo despacha con demasiada prisa. Dos figuras interesantes, eso sí, San Martín y Juárez. Quizá la historia de Iberoamérica pudo haber sido de otra manera, pero esto es lo que hay. En cualquier caso, demasiado tópico y quizá demasiado poco análisis. Y eso, cuando el desconocimiento es grande, no aporta gran cosa. Esperaba más, sinceramente. Leo también, subiendo por Galdós, uno de Camilleri que me presta Nieves, La muerte de Amalia Sacerdote; la Italia de Saviano novelada. No acabo yo de cogerle el gusto a la novela negra.

Llegué a la ciudad a las siete de la mañana. Pereda desierto, todo para mí. Aún recuerdo esa canción de los Doors: Amanece Santander, alguien ha cambiado el dolor por el olor de una taza de café…. La ciudad vacía, entrando septiembre.

Por cierto que el viaje fue con Ryanair y, me da la sensación, para vuelos dentro de la península, que la diferencia con las compañías de verdad apenas se nota. Que se vayan atando los machos los de Iberia. Y encima te ofrecen lotería instantánea para que pases el rato durante el vuelo…

PS: […] el sistema polisinodial consolidado bajo Felipe II se mantuvo durante siglo y medio sin grandes cambios, gobernando unos territorios que, como se dijo, alcanzaron una extensión nunca hasta entonces conocida, con apenas unas doscientas personas para decidir sobre la multitud de problemas y asuntos que surgían de todos los rincones del Imperio. Según los datos que Quintín Aldea ha recogido para la década de 1630 a 1640, la polisinodia española estaba integrada, incluyendo a los secretarios de los consejos, por 144 personas […]. Como se ha escrito alguna vez, nunca se hizo tanto con tan poco.

Iglesias, Carmen: No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre historia de España. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009. Página 138

11.9.09

El Perdíu, ruborizado

Fue el miércoles.

No sé si le he contado, desocupado lector, que El Perdíu, que es de natural tímido, escribe desde hace años en un periódico local. Un periódico local, sin demasiada trascendencia y conducido por mujeres. Escribe sin cobrar un euro, además, porque algunas cosas no se hacen por dinero y eso los liberales lo tenemos muy claro. El que caso es que, además, los artículos que escribe son de historia. Historia de la zona, me refiero. Así que siempre escribo pensando que no me lee casi nadie, pero casi nadie en sentido literal. Tengo localizados a dos lectores en concreto, la madre de Jimena, mujer extraordinariamente culta, por cierto, y a Paco Vega. El resto, nada de nada. De hecho, creo que Jimena, en estos tres años, ha debido leer uno o dos artículos como mucho.

El caso es que este pasado miércoles unos zamoranos del Valle del Vidriales me invitaron a unirme a ellos en uno de sus periódicos almuerzos. El azar me sentó al lado de Pedro. Comenzamos a almorzar y comenzamos a charlar. Una cosa llevó a otra. Coño, tú eres el que escribe esos artículos, -sí, soy yo, y tú debes de ser el que me lee-. No joder, pues los sigo muy de cerca, de hecho fíjate, hace un par de semanas fuimos a Portugal y estuvimos con una noble de la zona norte, le hablé de los Pimentel, de lo que te he leído en tu artículo, y tanto le interesó que me pidió que le mandara una fotocopia de tu texto, cosa que hice la semana pasada...

¿Hay alguna satisfacción mayor para un autor?

PS: [Joan Ferraté] era un gran lector de periódicos, como ha escrito muy justamente Arcadi Espada. A su inmensa cultura, hecha de toda clase de lecturas, pero sobre todo de las de los clásicos próximos y lejanos […] unía la periodística. Y siempre como lector […]

Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 224

10.9.09

Las fuerzas de la cultura

Recuperando la alianza, ahora que estamos en setiembre, con las fuerzas de la cultura. Estuvimos viendo Up. Agradable de ver pero simplemente correcta, desde mi punto de vista.

Fuimos también al teatro. A soñar, que es a lo que va uno siempre al teatro. Esta vez, soñamos que nos habíamos desplazado a París y que era la tarde del 24 de septiembre de 1647. En la celda de un convento asistimos a la conversación entre un viejo, cercano ya a la muerte, irónico, mordaz y respetuoso con lo ajeno, y un joven embebido de una misión, pasional y atormentado. El encuentro es sencillamente magnífico. Las casi dos horas de función se pasan sin que uno se de ni cuenta. Y qué bien está Flotats. No dejen de de verla.

PS: "La tradición intelectual griega […] desde los presocráticos a los sofistas y a las escuelas helenísticas, no ha formado nunca un grupo cerrado, sacral, alrededor del conocimiento, […] la enseñanza socrática, la técnica mayéutica, a partir de la cual hasta un esclavo puede resolver problemas de geometría, ha permanecido siempre, con más o menos matices, afianzada en la tradición occidental intelectual. Y esta tradición permanece en la cultura clerical de toda la época medieval y es característica […] de toda la cultura europea hasta los tiempos modernos y actuales".

Iglesias, Carmen: No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre historia de España. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009. Página 181

8.9.09

Lecturas agostiles (IV)

Mi generación, como le ha pasado a las últimas cinco o seis generaciones de españoles, creció a la vida con una concepción jeremiaca de la historia de España. Todo salía mal. Éramos un país por hacer, cainita, estúpido y cruel. Ya tengo escrito por ahí que la ILE contribuyó mucho a generar esta narrativa, que con tanta alegría como incultura siguen por ahí pregonando los eruditos a la violeta que pueblan nuestra vida intelectual.

Luego uno va leyendo y va viendo que las cosas, en general son más complejas. Cuando uno se da de bruces, además, con alguien como Carmen Iglesias, los topicazos no tardan en salir corriendo uno detrás de otro. La recuerdo de la Facultad; fue una delicia tener con ella, en aquel seminario, aquella asignatura llamada “Estado y Sociedad en el Antiguo Régimen”, cuando uno sabía aún ni qué era el Estado ni que era exactamente esa cosa llamada sociedad.

El caso es que Dña. Carmen ha publicado recientemente una recopilación de diversos ensayos relativos a la historia de España y esta ha sido una de mis grandes lecturas en verano.
No siempre lo peor es cierto es, sencillamente, impresionante.

Conocimiento, objetividad y rigor. Nada más alejado de la morralla historiográfica tan habitual en nuestros lares, donde habitualmente nadie conjuga las tres variables. Muchas de las cosas que trata tuve la suerte de oírselas contar en directo, bien en la Facultad, bien en alguna conferencia: la imagen de España desde fuera, tan importante para conocer la imagen que los españoles tenemos de nosotros mismos; la forma de gobernar un imperio mundial con muy pocos funcionarios; el origen de la imagen oriental de España, el modelo educativo en el XVIII, el papel de las mujeres en la Ilustración, el Conde de Aranda, la familia en el Antiguo Régimen, la independencia de América, el drama de los afrancesados (todavía hay descerebrados que hablan de aquello como una guerra civil), Menéndez Pelayo y su lucha contra los heterodoxos, la cultura del XIX, la crisis finisecular…
Muchas conclusiones, que nos les voy a contar porque el libro hay que leérselo. Pero parece claro que la Monarquía se convirtió en una potencia mundial en un momento en el que los ataques a los poderosos empezaron a tener relevancia mundial gracias a la imprenta, que la imagen que el XVIII francés creó de España era una imagen profundamente interesada en términos políticos, que nuestra Ilustración no fue ningún desastre (a no ser que lo fueran todas excepto la francesa), que nuestro analfabetismo estaba al mismo nivel que resto de países europeos y que lo que nos destroza de verdad son seis años de guerra contra el francés en nuestro suelo, situación que no sufrió ningún otro país europeo…
En fin, un libro contra tópicos, muy útil para tener siempre a mano. Y eso por no hablar de los apéndices. El que trata sobre Marsilio de Padua es, sencillamente, delicioso.

Ni leyenda negra, ni leyenda rosa. Sólo la historia, por favor. Nuestra historia, lo siento esencialistas y lo siento teóricos del fracaso, es muy similar a la del resto de Europa. Pero similar de cojones, vamos. No dejen de leerlo, por favor.

PS: "[…] ese hombre del Lazarillo –comentaba unos meses antes de su muerte, refiriéndose a su recién publicada obra monumental sobre la picaresca-, que sale de casa rugiéndole las tripas, pero que se limpia ostentosamente con un palillo de dientes; pues bien, esta figura la he encontrado en un poema francés de la misma época. Y hace cuatro años –seguía Maravall- hubo en La Sorbona un coloquio organizado por hispanistas cuyo tema era la marginación y la exclusión en la España del siglo XVI. Yo sabía que ellos iban a plantear este fenómeno como típicamente español, y por ello me divertí preparando una colección de citas de escritores franceses del siglo XVI sobre exclusión y marginados, en los que no quedaban dudas sobre la miseria y la marginación en su propio país. Uno de ello contaba que en las calles de Lyon, durante la noche, no se oía más que “¡Ay que me muero de hambre” […] Y las mujeres iban arrastrándose famélicas y en pleno invierno echaban a sus hijos encima de la nieve, sin tener un solo mendrugo, sin disponer en los pechos ni siquiera de una gota de leche; eso se dice en un documento de la época […]. Se trata de aspectos que dependen de situaciones históricas y que cambian cuando cambian éstas".
Iglesias, Carmen: No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre historia de España. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009. Página 31.
PS: esta tarde otra vez al Nacional del Prado. Siempre es un placer.

5.9.09

Clásicos agostiles (II)

La tele.

Veo poco la tele, en general. Desde hace meses, nuestro prime time se nos va viendo series de televisión: no hay anuncios y así es uno el que elige a qué hora empieza y a qué hora acaba el programa. Todo empezó en realidad como una venganza contra los programadores, que fueron retrasando el inicio de las series hasta las diez y media de la noche sin previo aviso. Y así no hay que madrugue luego.

El caso es que este verano estaba un día por la mañana en un Bar (Los Meleiros, se lo recomiendo, el wifi más veloz de toda la Sanabria). Tenían puesto tele cinco. Debían de ser las once de la mañana. De agosto. Era una especie de concurso. Un varón con los ojos vendados. Un montón de lobas. Cada una de le daba un muerdo, así, como suena, con lengua y bastante duradero. Con la cámara sin perder detalle. Al acabar la ronda, el macho alfa se quitaba la venda y, tras las preguntas de rigor de la (¿?) presentadora elegía a la hembra preferida en función de la experiencia salivar. No sé si luego follaban en directo porque me fui, pero imagino que ese el siguiente paso y no creo que los (¿?) programadores de las distintas cadenas tarden en llegar.

Pero pensé, joder, menos mal que las televisiones privadas en España no las regula el mercado salvaje, libre y neoliberal, sino que se trata de un servicio público esencial cuya titularidad corresponde al Estado, y cuya gestión corresponde a sociedades anónimas en régimen de concesión administrativa. Gracias a ello estamos todos protegidos contra la ordinariez del mercado.

Vive Dios.

PS: Como escribió el dramaturgo alemán Schiller: “Cualquier persona tomada como individuo es razonablemente sensata y moderada; si forma parte de una multitud, se convierte de inmediato en un bruto”.

Diamond, Jared: Colapso, por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Barcelona, Círculo de Lectores, 2006. Página 563.

3.9.09

Clásicos agostiles (I)

Las payasadas.

Probablemente con su dinero, lector, una cosa que se llama Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón, que se ve que cumple ahora diez años, ha organizado una cosa que se llama “Taller de integración vivencial de la propia muerte” y que lleva por subtítulo, toma ya, “Experiencia activadora de estructuras internas”. Quien imparte el servicio (¿?) se ve que es algo llamado Sociedad de Etnopsicología Aplicada y Estudios Cognitivos, domiciliado en un apartado de correos de Barcelona.
En la jugada colaboran con alegría la Consejería de Cultura y Deportes del gobierno valenciano, el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana y algo llamado Castellón Cultural, instituciones todas ellas gobernadas por el pepé, que para algo es un partido liberal que apuesta por cuidar al máximo hasta el último euro del contribuyente.
El taller, de plazas limitadas, se impartirá a mediados de este mes, y cuesta 190 euros por barba.
Ya lo dice el primer artículo de la celebérrima Ley de Jorge de la Gestión Pública: “Dinero no habrá, pero pa´tontadas…”.

PS: Jimena y El Perdíu se van este fin de semana a La Montaña. Echaremos el finde en la capital, Santander. ¿Alguna recomendación, desocupado lector?

2.9.09

Lecturas agostiles (III)

Ya sabe el desocupado lector de esta columna lo que me cuesta leer novelas. Son algo menor; papelillos podría llamarles de manera despectiva. El entretenimiento de los vagos, si me apuran; la novela es al ensayo un poco lo que el folio holandés al folio normal, como decía Ramón de España: un entretenimiento que hace pensar a los escritores haraganes que escriben como fieras. Además, no es sencillo encontrar buena novela; de hecho creo que la última decente que he leído ha sido La piel fría, hace ya un par de años.
El caso es que Jimena llevaba tiempo recomendándome A sangre fría, de Truman Capote. Al final la metí a última hora en la maleta antes de partir para Finlandia. La novela, o lo que sea, es sencillamente magnífica. Todo un descubrimiento. Qué bien escrita. Y qué entretenida. El brutal asesinato acaecido en 1959 en Holcomb sirve al autor para trazar un magnífico relato / retrato sobre los asesinados, los Clutter, y los asesinos, dos psicópatas apellidados Smith y Hickock. Las dos caras no sólo del sueño americano, sino también del ser humano: la ética del trabajo frente a la ética del quinqui, tan celebrada por cierto por nuestras autoridades. Ustedes no dejen de leerla y yo no dejaré de revisar algunos de mis tópicos sobre la novela y sobre los novelistas norteamericanos; siempre he sido bastante despectivo con ellos, la típica postura, imagino, de erudito a la violeta.

Es lo malo de leer, que se te joden las certezas.

PS: […] "no cuesta mucho deducir de todo ello que el hombre dejaría de leer novelas con cuarenta años recién cumplidos. Es decir, como manda la tradición. La buena".
Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 40

1.9.09

Lecturas agostiles (II)

Devorado Gomorra, de Roberto Saviano, vía Miquel Barceló. Libro magnífico, que uno acaba con mal cuerpo. Cada capítulo es un golpe sobre nuestra conciencia: cómo hacer competir a la moda italiana, el papel de héroes de nuestro tiempo como Peppino Diana, la ausencia de valores, la ausencia de futuro, la ausencia de poder público en el sur de Italia.
Aún así, discrepo del autor en su manía de achacar a la mafia comportamientos neoliberales. El liberalismo siempre ha reclamado un puesto para el Estado, es verdad que menos amplio de lo que otros reclaman, pero un puesto imprescindible. A mayores, el liberalismo también necesita una ética para desenvolverse…

Desesperante también ver como ya están aquí. En España, me refiero. En la Costa del Sol. Creo que es claro. Aunque nuestro telediario no hable de ellos. Me dijo Lucena una vez que Méjico es ahora lo que Colombia fue hace diez años y que por el camino que íbamos, nosotros podíamos ser lo que ahora es Méjico dentro de otros diez.

Y me hago entonces la misma pregunta que alguien me hizo hace casi veinte años, hablando de la violencia abertzale y de sus ganas de acabar con el Estado: ¿A alguien le gustaría vivir en el Líbano?

PS: "Nunzio de Falco fue arrestado en Albacete cuando viajaba en el Intercity Valencia-Madrid. Había montado un poderoso cártel criminal […]. Había construido un imperio. Complejos turísticos, casas de juego, negocios, hoteles. La Costa del Sol había conocido un salto cualitativo en sus infraestructuras turísticas desde que los clanes Casalesi y napolitanos habían decidido convertirla en una perla del turismo de masas".
Saviano, Roberto: Gomorra. Debate, Madrid, 2007. Página 257

30.8.09

Lecturas agostiles (I)

Lectura finesa, las memorias de Pericay.

Al autor lo tenía poco ubicado, una columnas en el abc los sábados y poco más. Compré el libro en Blanquerna, coincidiendo con la final de la Liga de Campeones que, thanks David, pude ver allí en mayo. Supongo que acabó de decidirme el que el prólogo fuera de Juaristi, ya ven ustedes cuánta superficialidad. Creo que casi todas las vidas tienen mucho que contar, aunque casi nadie lo haga, por eso no me da miedo enfrentarme a unas memorias. Si están bien escritas, suelen ser deliciosas y lo llevan a uno “a vivir otras vidas, a probarme otros nombres”, como cantaba Sabina.

Las memorias de Pericay son magníficas. Del filólogo Pericay, habría que decir. De ascendencia gerundense, su abuelo fue asesinado en la guerra por las fuerzas del orden (¿?) republicanas por se católico y de derechas. Creció en el Liceo francés, catalanoparlante de manual, su vida siguió durante años el guión esperado: catalanista y progre, como tantos otros. La cobardía de no pensar diferente.

Hasta que un día se rebeló. Aquello no era normal. La agonía eterna de la patria. Algunos, normalmente los más lúcidos, cuando ven a la vieja pasar llorando, se preguntan si no será todo un cuento. El catalán nunca estará en condiciones de competir en igualdad con el castellano, porque el castellano, convertido en español, es hablado por cuatrocientos millones de personas y es una lengua de elevado prestigio internacional. Y es una lengua tan catalana como el catalán. Y cuando la gente puede hablarla, la habla. Es patética la pretensión nacionalista catalana de tachar de barbarismos a palabras como buscar o como barco, catalanas de pura cepa pero que son rechazadas por su cercanía con el castellano. Cómo no va a estar cerca del castellano, si son dos lenguas habladas en el mismo territorio y con un origen común. Pericay luchó primero por normalizar la situación del catalán; por dar rango normativo al catalán que la gente hablaba en la calle para no intentar así imponer un catalán medieval que parecía más puro, como intentó el Avui, pero que era un completo disparate filológico.

En cualquier caso, un buen día Pericay se hartó. Lo cuenta sin heroísmo, asumiendo su parte de culpa, su mirar hacia otro lado durante años. El libro es muy bueno lector, y se lo recomiendo, tanto si es usted catalán como si acaso no lo es. Escrito con gracia, se lee de un tirón. Y si además es usted “madrilenyu” le encantarán las últimas páginas. Cuando las leía, me parecía estar oyendo a Joao o a Jimena, los dos catalanes de Madrid que me quedan más a mano

PS: "Siempre produce cierta vergüenza tener que reconocer los propios errores. Sobre todo cuando claman al cielo. […] Esos años fueron fundamentales, y los que teníamos que plantar cara no lo hicimos. Ese es el tema. O huimos de la realidad o hicimos la vista gorda. O, lo que es peor, colaboramos, militamos en la causa nacional."
Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 154

27.8.09

A casa...

Madrugamos. Nos despedimos poco a poco de los Demidoff y de la Manor House. Como somos los prusianos del sur, preferimos llegar dos horas antes al aeropuerto que hacerlo un minuto después. Últimas compras: los regalices encargados por los Gallego. Paramos en un área de servicio en Heinola. No vamos especialmente alegres, es día de vuelta y hemos madrugado. Pedimos el café, Jimena y Ta-ka-tún su expreso y yo mi café (aquí el café equivale directamente al americano, así que me ahorro el adjetivo). Cuando Jimena va a pagar, la dependiente, asumiendo por nuestra conversación que somos españoles le pregunta si vemos Los Serrano, Jimena, cortés, le dice que ha visto que la dan en Finlandia y que sí, que a veces sí la veíamos (creo que nunca vimos ningún capítulo). La dependienta cierra nuestro viaje a Finlandia: “You remind me off Los Serrano. You speak so fast, you laugh so much and you are so happy… We are different, more quiet”.


Ya ven.

A veces pagar el 22% de IVA y tener un gran Estado de bienestar no garantiza la felicidad.

Feliz vuelta al trabajo

25.8.09

Séptimo día. 10 de agosto

La impronunciable Jyväskylä. Quizá aquí naciera Finlandia. Aquí se enseñó por primera vez la lengua finesa y aquí vivió gran parte de su vida Alvar Aalto, uno de los grandes arquitectos del XX. Es una ciudad pequeña. Quizá la más hermosa de todas. Las calles del centro parecen ya más nórdicas que soviéticas. Hay universitarios, por todos los lados. Aalto diseñó aquí la segunda fase del campus universitario, integrando magníficamente sus edificios con los del primitivo campus. La universidad, la gran creadora de las naciones. El resto de sus obras están muy diseminadas por la ciudad y no son fáciles de seguir. Un comercial de Amnistía Internacional. Mucho lanas. No se acaban los lanas en este país, como tampoco se acaban los gordos. Será por el frío, digo yo. Volvemos a casa. Se nos va Finlandia, se nos van los días de vacaciones. La vida es eso que pasa mientras haces otras cosas, me dijo una vez el mítico Llorenç mientras almorzábamos.

PS: "Divulgadas, retocadas y a menudo vulgarizadas, las ideas de Herder se introdujeron en el pensamiento radical europeo después de la revolución francesa. Por encima de todo, sirvieron para dar forma al programa político del nacionalismo. Los intelectuales europeos no albergaban ninguna duda sobre el punto donde terminaba el viaje con el alfabeto a cuestas. Un Volk que se educaba y era culturalmente consciente de sí iba derecho a la “nacionalidad”, cuya culminación era la fundación de un pueblo estado independiente. Empapados de este espíritu, Frantisek Palacky normalizó el idioma checo y reinventó la historia checa, Vuk Karadzic hundió las manos en el cofre de las palabras para formar un idioma “serbocroata” único y, a fines del siglo XIX, Douglas Hyde fundó la Liga Gaelica para “desanglificar” Irlanda"

Ascherson, N.: El mar negro. Cuna de civilización y barbarie. Barcelona, andanzas, 2001. Página 243.

23.8.09

Sexto día. 9 de agosto

Es domingo. Incluso en un país tan al norte. Así que nos quedamos en casa. Nuestro primer intento es con unas bicis. Nos acercamos al pueblo y luego volvemos. A tumbarnos al césped junto al lago. Una delicia. Voy rematando Gomorra. Me baño en el Saimaa y nado de un lado para otro. El agua está fantástica, bendito cambio climático. Algo de música, también, pero menos. Cuando Jimena deja libre el ipod, voy viendo, a ratos, una de las conferencias del ciclo de Carmen Iglesias. Magnífica, como siempre. Los antecedentes de la revolución del sesenta y ocho en nuestro país. Cuando llega la hora de comer, volvemos a la Manor House. Hoy toca comida Rusa. Irina, de San Petersburgo, es la cocinera. Un paté delicioso. El vino, de la ribera del duero. La tarde se nos escurre de entre las manos; primero un paseo a pie, luego en bote. Sí, en bote; tras algunas peripecias iniciales (bote con tapón, toma ya), salimos a pasear el Saimaa. Remé de pequeño, pero el remo se olvida, descubro a la segunda palada. Cerramos el día con piscina y sauna. Sauna y piscina. La dura vida, ya saben, del deportista de élite.

21.8.09

Quinto día. 8 de agosto

Volvemos a partir hacia el este. Hacia Imatra, localidad fronteriza en la Carelia. Pasado y presente. Pasado, los rápidos del Vuoksi, declarados zona protegida por el zar Nicolás I en 1842. El presente, la producción hidroeléctrica y las fábricas de papel. Nos perdemos. El modelo de población es similar al de los Estados Unidos; pequeño núcleo urbano y varias casas diseminadas. Paramos en un hotel a preguntar. Nos atiende Riita. Chapurrea español. También va a Fuengirola. Intrigado, pregunto: “Puede llover en Barcelona o puede estar nublado en Valencia –me dice en inglés–, pero en Fuengirola it´s always sunny". Misterio resuelto. Riita nos ayuda a interpretar el mapa local. La parte nueva de la ciudad está hecha de centros comerciales y de plazas que son como los no-lugares de Auge. La parte que rodea la presa, los rápidos y el Vallionhoteli (un magnífico edificio de piedra de principios del XX) es lo mejor de la ciudad. Aquí venían los nobles rusos a descansar. El zar construyó, para ellos y para sí mismo, el Parque de la Corona (Kruununpuisto) a ambos lados de los rápidos. Almorzamos en un parte excéntrica de la ciudad, cerca del puerto. En el primer café al que nos acercamos nos atienden dos gañanas con pocas ganas de trabajar. Así que nos vamos al hotel de cinco estrellas que está detrás. Comemos como un cura con dos parroquias, en la terraza del restaurante, por cuatro perras. A la vuelta visitamos la Iglesia de las Tres Cruces, de Aalto. La arquitectura que, dentro de dos o tres siglos, se conocerá como arquitectura del siglo XX. Hay una boda y no podemos entrar a verla por dentro. Seguimos nuestro camino. Mañana es domingo y no nos vamos a mover de Anttola. Hay que hacer bici, remo y paseo…


PS: "[…] con más culpabilidad, muchas personas de posturas liberales […] mostraron con total irresponsabilidad sus simpatías con los terroristas, hasta el punto de ayudarles y respaldarles, en vez de dar apoyo a los esfuerzos que el régimen trataba de llevar a cabo en pro de la reforma. Esto es especialmente cierto en el caso del Partido Cadete, liberal, que adoptó la dudosa doctrina de que no existía un solo enemigo a la izquierda, y cuyos miembros pasaron a ser los principales defensores del terror dentro de la opinión todavía respetable".

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Página 88.

19.8.09

Cuarto día. Siete de agosto

Hoy vamos hacia el este. Savonlinna, literalmente, “el castillo de Savonia”. El castillo, quizá uno de los monumentos más representativos del país, fue construido en el siglo XV para defender la provincia de Savonia de los rusos. La ciudad en sí es un istmo desarrollado, imagino, por las cercanías del castillo.

Hay mercado, como en tantas otras ciudades. El problema es que aquí ya casi nada está en bilingüe sueco / finés y no somos capaces de ver de qué son los productos. Comparado con el finés, el sueco es una lengua amiga. Al menos es indoeuropea y eso amigo, da carácter. El finés es absolutamente ininteligible. Y, quizá como el vasco, una pasión inútil, propia de la modernidad. De hecho, de algunos puestos nos vamos frustrados porque el vendedor no habla inglés y es imposible comunicarse. Un café frente al lago. Siempre el Saimaa, en realidad. Nos acercamos al castillo. Tienen pocos complejos los fineses. Como el castillo de Olaf (Olavinlinna) estaba caído y es evidente que ya no iba a servirles contra los rusos, han montado en su patio de armas un istalache (ya sé que la palabra no viene en el diccionario, pero es mi modesta aportación, en nombre de todos los míos, a la lengua española) y allí se desarrolla durante el verano un festival de ópera. Paseamos por la fortaleza. El turismo es casi todo ruso o finés. Esta noche toca Romeo y Julieta. Miramos los precios. Un escándalo. Los precios. Un 22% de IVA en general. Toma modelo nórdico de los cojones. Almorzamos en Majakka, en la terraza, frente al puerto. Pescado abundante. Cuando llega la hora de coger el coche, vemos que nos han puesto lo que parece una multa por habernos pasado un minuto de la ORA. Nos mesamos los cabellos mientras maldecimos la puntualidad luterana y la ausencia de cortesía para con el visitante. Intentamos anular la multa, que está en finés, pero es imposible. Así que acudimos a la oficina de turismo a deshacer el entuerto. Nuestra sorpresa es morrocotuda. No es una multa. Son jóvenes miembros de una asociación que recorren la zona en patines y te añaden un papel de la ORA cuando ven que el tuyo va a caducar, para que no te multen. Esto sí es una forma eficaz de lucha contra el ogro filantrópico. Liberalismo a la finesa. No está todo perdido.

Cae la tarde y volvemos a casa por el este, dando la vuelta, por Punkaharju, pero es evidente que la mejor forma de verlo. Al llegar a Parikkala descendemos hacia el sur, dejando a nuestra izquierda y a menos de cinco quilómetros la frontera rusa. La Carelia arrebatada a los fineses. Más de cuatrocientos mil carelios abandonaron la zona cuando fue ocupada por los soviéticos. En Ruokolahti giramos hacia el oeste y enfilamos hacia Anttola. Un gin tonic en el puerto. La camarera irá en breve a Fuengirola. No es tarde cuando llegamos a casa y aún nos da tiempo de tomar un baño y echar una sauna en sus dos modalidades, mixta, con pudoroso bañador, y unisex, desnudo por completo. Salgo y entro, entro y salgo. La tensión es baja y, a diferencia de Oskar, no aguanto mucho tiempo en estos lugares…

PS: "Hoy el bajo bretón, el vasco, el gaélico mueren de cabaña en cabaña, a medida que mueren los cabreros y los labriegos. La lengua de los indígenas se extinguió en la provincia inglesa de Cornualles hacia el año 1676. Un pescador les decía a unos viajeros: “no conozco más que cuatro o cinco personas que hablen bretón, y son ancianas como yo, tienen de sesenta a ochenta años; ningún joven sabe ya una palabra de él”.

Chateaubriand, François de: Memorias de ultratumba (Libros I-XII). Tomo I. Página 316.

17.8.09

Tercer día. 6 de agosto

Madrugamos. Mucho. Helsinki queda a unas tres horas. No se puede correr. En general, la velocidad está limitada a ochenta por hora y hasta Lahti no cogemos la autovía (en el español peninsular las autovías se cogen, no se toman. Por algo construimos un Imperio). Llegamos a Helsinki. Aparcamos a diez metros de la plaza del Senado. Como si en Madrid aparcaras en la Puerta del Sol. Cuando los rusos se hicieron con el país trasladaron la capital a Helsinki desde Turku, para acercarla más a San Pertersburgo y alejar al Gran Ducado de la influencia sueca. Destruida por el fuego, la ciudad fue reconstruida siguiendo las instrucciones de Carl Engel, arquitecto tudesco que había participado en el desarrollo peterburgués. La plaza senatorial respira aire eslavo Las religiones convivían con naturalidad. Los fineses parecen abordar con naturalidad el pasado. La estatua del zar Alejandro II sigue colocada con naturalidad en medio de la plaza. La catedral luterana se come esta parte de la ciudad, majestuosa y azul. Por dentro, como los templos protestantes, es pobre. A poca distancia, ya en el islote de Katajanokka, la catedral ortodoxa, el mayor templo de esta fe en la Europa occidental, si es que estamos en Europa occidental. Cada uno con su Dios, y Dios con todos. Un par de restaurantes españoles. Pero nosotros no hemos venido a comer gazpacho. Todo es caro. El mercadillo frente al puerto. Almorzamos en Kappeli, hermoso quisco de vidrio y metal ubicado en la Esplanadi (la Santa Clara local), la calle señorial de Helsinki y luego un paseo hasta la estación de tren, obra de Aalto. De camino, el hotel donde se aloja Madonna y unos pocos cientos de fans. Pienso en el Kalevala, tan de mediados del XIX. Cuando había que inventarse naciones porque los Estados ya no soportaban la legitimidad divina. Y pienso también que la ciudad es joven, que hace sol y que hay unos euros en el bolsillo. Y en algún lugar, un viejo carcomido por el gin y la nostalgia volvería a sonreír: merecía la pena.

PS: “En estos pasajes sobre el pueblo (volk), Herder previó al menos tres elementos del nacionalismo romántico. El primero, la idea de que el Volk es dinámico y no estático, un organismo vivo sometido a leyes “naturales” de desarrollo. El segundo, el papel fundamental del idioma en este desarrollo, lo cual alejó a Herder del universalismo de la Ilustración y lo llevó hacia la exaltación de las diferencias y las particularidad locales. El tercero, el papel decisivo del intelectual en este proceso, en tanto que creador literario, historiador local y lexicógrafo y, con mucha frecuencia, en tanto que dirigente revolucionario en las barricadas”.

Ascherson, N.: El mar negro. Cuna de civilización y barbarie. Barcelona, andanzas, 2001. Páginas 242-243.

15.8.09

Segundo día. 5 de agosto (II)

Como es el primer día, nos acercamos a conocer Mikkeli, capital de la provincia, a poco más de media hora en coche. No hay grandes ciudades en Finlandia. La orografía y el tipo de poblamiento no lo permiten. Mikkeli es fea, parece más una ciudad del este que una ciudad nórdica. Hay mucho lanas, es una cosa que llama la atención; la estética del quinqui de izquierda aquí hace furor; muchos jóvenes lo llevan, atildando la ciudad con su imagen. La catedral es reciente, luterana y reciente. De mediados del XIX. Cuando Rusia se hizo con Finlandia, favoreció la identidad finesa como forma de alejar a los nativos de las influencias suecas que durante siglos habían perneado el carácter de los naturales de estas tierras. Muchas ciudades, como Mikkeli, son de entonces.
Todo cambió cuando Rusia se convirtió en la Unión Soviética. La guerra de agresión, tras el incidente de Mainila y la guerra de continuación. La torre de comunicaciones está dedicada a aquellos conflictos. Una joven nación que se resistía a morir bajo la garra soviética. Muchos de los comunistas fineses, quizá sabiendo lo que se les venía encima, optaron por la patria antes que por el socialismo. Almorzamos. Una cerveza extraña, casera y sin alcohol. Un pescado delicioso. El vino, monopolio estatal, es caro. En las cartas los vinos españoles tienen una presencia discreta, pero real, compitiendo con caldos chilenos, argentinos, sudafricanos y australianos. Nos acercamos al puerto. Hay un crucero que recorre una mínima parte del Saimaa. Allá vamos. Verde lujurioso. Azul pálido. Casi dos horas de navegación. Unos veinte grados. Se hace tarde. Volvemos a casa. Hoy vamos a cenar a Anttola. Un bar. Si esto fuera América, los parroquianos serían, en su gran mayoría, white trash. La trama urbana es extraña para un meridional como yo. Algo de carne por fin. Oscurece a eso de las once. Hay que dormir, mañana vamos a Helsinki.

PS: "Muchos líderes comunistas extranjeros estuvieron entre sus víctimas; Stalin asesinó a más jefes comunistas alemanes y polacos que Hitler".
Laqueur, W: Stalin. La estrategia del terror. Ediciones B, Barcelona, 2003. Página 79.

13.8.09

Segundo día. 5 de agosto (I)

Amanecemos pronto. Aquí se hace de día a las tres de la mañana y así no hay quien duerma. En los alrededores de la Casa hay una exposición de arte contemporáneo. Todo es silencio. Paseamos sin apenas hablar. Acaban de izar la bandera finesa.

Desayunamos. Uno ha de ser respetuoso con los lugares que visita, y más cuando come y duerme en ellos. Y una forma como otra cualquiera de ser respetuoso es conocer la historia de los que allí vivieron. La casa los Demidoff. Una familia ilustre. De rancio abolengo: llegaron a prestarle dinero al Zar. Cuando la cosa empezó a ponerse complicada, Aleksander Nikolaevitsch Lopuchin Demidoff compró la casa para que pudiera servir de refugio tanto a su familia como a la familia imperial. Iluso. En el esquema mental de aquellas gentes era inimaginable que esa plaga llamada comunismo actuara como actuó. Jamás les hubieran permitido estar cómodamente exiliados; el comunismo soviético era una ideología totalitaria, ya del siglo XX y no hacía prisioneros, ni siquiera entre su propio pueblo. Los Demidoff pudieron huir. Se refugiaron en Anttola, a menos de trescientos quilómetros de la capital Imperial, ahora rebautizada como Leningrado. En la zona aún se recuerda a la familia, y se recuerda su generosidad en los tiempos duros de la consolidación del naciente Estado finés. De hecho, Aleksander fue compañero y amigo del general Mannerheim, auténtico héroe de la resistencia finesa al comunismo y claro vencedor en la guerra librada para consolidar una cierta democracia en la joven República. Pero a los Demidoff la historia los dio de lado y se acabaron arruinando. La esposa de Alekasander, Natalia Dmitrjevna Demidoff, murió en la indigencia más absoluta en 1956, tras haberse trasladado a vivir de la caridad pública a la cercana Mikkeli. Nunca asumió el cambio que sufrió su familia cuando ella era una joven que había casado con un importante noble de la Corte. Los hijos del matrimonio se dispersaron; y aunque uno de ellos, Nikolai, se quedó en Finlandia, cambió el apellido a sus hijos, que pasaron a llamarse Tammipuu.

PS: "[...] el 15 de agosto [de 1933], en la Escuela de Verano de las Juventudes Socialistas, [Largo Caballero] fue aun más contundente: "Hoy estoy convencido de que realizar la obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible". Entre alusiones a la dictadura del proletariado y elogios a la Rusia soviética, sentenció que "después de la República no puede venir más que nuestro régimen".

Avilés Farré, Juan: La izquierda burguesa y la tragedia de la IIª República. Servicio de Documentación y Publicaciones de la Comunidad de Madrid, Madrid, 2006. Páginas 262-263

11.8.09

Inicio del viaje (4 de agosto)

Nos toca madrugar. El taxi viene a buscarnos a las tres y media de la mañana. Es argentino. Trabaja con su hermano, que también se vino. Volamos vía Amsterdam. El vuelo hasta las Provincias Unidas es tranquilo. Aburrido Schiphol. Todo en hora, son luteranos. Empiezo con Gomorra, de Saviano, vía Miquel Barceló. Llegamos a Helsinki. Hace sol. Coche de alquiler. Nos ponemos en marcha, aunque observamos sorprendidos que la autovía acaba en Lahti, el resto del viaje las vías son similares a las portuguesas, cada cuatro quilómetros hay doble carril para quitarte a los camiones de enmedio. Paramos a echar un café y, al salir, vemos que el coche no arranca, hay que joderse. Hay policía en el área de servicio. Esta será otra constante en el viaje, la policía sólo está en los bares. Amables, los polis lo arrancan. El truco está en que aquí hay que embragar el coche para poder arrancarlo. Seguimos el camino. El paisaje es el que nos acaompañará todo el viaje: árboles, lagos y sol, por este orden.
Nos desviamos en Mikkeli y enfilamos hacia Anttola, un pequeño pueblo a unos treinta quilómetros de la St. Michel sueca. Por fin, arribamos a nuestro destino. Anttolanhovi, situado a orillas del Saimaa. Nos recibe Leena. Habla un español pasable. Suele ir una vez al año a Fuengirola. Cuando vamos a la habitación a dejar las cosas pongo la tele. Es un vicio a ver cómo suena el idioma. Son las ocho, aquí es prime time. Yo esperando un programa sobre renos o sobre saunas y me sale Resines, manda cojones. Los Serrano, en español con subtítulos al fines en hora de máxima audiencia en la tele pública. Unas cervezas y a cenar, que estamos cansados. Cerveza casera, sin apenas alcohol y luego cena en el restaurante, salmón ahumado, simplemente delicioso.
No acaba de hacerse de noche. Un paseo por el entorno. Estamos en una casa Imperial. Ya les contaré la historia. De cuando en Rusia había nobles y tal, pero ahora son casi las once. Nos vamos a dormir. Estamos molidos.


PS: "En enero de 1938 […] la clase política [en el gobierno de Burgos] inició una carrera para tratar de situarse, con alguna excepción notable como la del conde de Rodezno […] Interrogado por un ex ministro liberal sobre quiénes ocuparían las diversas carteras en el supuesto de que Don Alfonso XIII recuperase el Trono, Rodezno respondió:

- Pues usted o ese otro señor; cualquiera. Eso es cosa de secretarios.

Su interlocutor, desconcertado, inquirió qué era lo que haría entonces el conde; su respuesta fue antológica:

- Ah, yo pasearé con el Rey y hablaremos de caza.

Citado por Borràs Betriu, Rafael: La guerra de los Planetas. Memorias de un editor. Ediciones B, Barcelona, 2005. Página 535

7.8.09

Por Suomi -parte previo-

Desocupado lector. Ya hemos estado en Helsinki, Mikkeli, Savonnlina...
A ver si recopilo las notas disperas y le voy contando...
País sorprendente. Como para casi todos los espanholes, Filandia era para mí las Cartas de Ángel Ganivet. Y las figuras más destacadas de su cultura, pues los clásicos: Aalto, Nurmi, Litmanen, Häkkinen y Räikkönen, siendo su obra más conocida, el Rally de los mil lagos.
Paz y silencio, vive Dios...
Pendiente aún Imatra y Laappenranta. Se admiten recomendaciones.
El Perdiu

3.8.09

El viajero

Llegamos a Barcelona. Festival perico. Paseo por el Borne. Mañana, con el alba, a Helsinki vía Amsterdam. Allí cogeremos un coche para dirigirnos hacia el este, cerca de la frontera rusa, a las cercanías de Mikkeli, donde echaremos la semana. Paseos, barcas y noches blancas. A mediados de mes, espero, partiremos para la Sanabria.
Lo más difícil, como siempre, ha sido elegir la lectura. Me había prometido llevarme Postguerra, de Judt, o La revolución rusa, de Figes. Al final, la maleta impuso su ley -el tamaño importa, claro que importa-. Así que me hice con Filología catalana. Memorias de un disidente, de Pericay, A sangre fría, regalo de Jimena, de Capote, y Desde el monte Santo, vía Miquel Barceló. Ya les iré contando. Por cierto que también me hice con el especial de la vanguardia sobre turquía. A ver si algún día tengo un rato y les hablo de la vanguardia...

31.7.09

Sigamos con los poemas

Si hoy es mi primer día de vacaciones, el poema que me acompaña no puede ser más que este:

Has subido al desván la ropa de entretiempo
y presagias jornadas
de fastidiosa corrección de exámenes
y eventuales disturbios neurasténicos
cuando te quedes solo en este quinto piso
de una calle con nombre liberal.

Mirando al sesgo los escaparates
compruebas que regresa el rancio estilo
de los años cincuenta (en bañadores)
y alguien te dice que se marcha al Turco
o al balneario castrista.

Entonces te preguntas
cómo será el verano de Rafael Ubierna
en su risueño cementerio cántabro,
sobre el mar que lo arrulla con dolientes peanes;
cómo, el verano de Perico Urquiza,
capitán de mercantes por heladas derrotas;
cómo, el de Antón Eguía, monje en Silos,
que fuera diestro cazador de chochas,
o el de Pepe Lecanda,
asidua carne de hospital psiquiátrico,
de cuyos diez intentos de suicidio
fue cada cual peor
que el anterior.

Sin transición pasasteis, hace un cuarto de siglo,
de Karl May a Karl Marx. De marzo a mayo,
vuestras primeras novias buscaron el arrimo
de discretos garzones unidimensionales.

Y acertaron, sin duda, pues vosotros,
ajenos a los usos de la vida,
confundíais aquello
que aliviaros podía del tiempo y sus estragos
(es decir, esa suerte de rutina apacible,
muro de hábitos nimios que los sabios erigen
frente a las embestidas del impulso tanático)
con cierto desarreglo vagamente romántico.

A quién pedirás cuentas de tus años inútiles,
parte maldita que cediste al viento,
hoy, que empieza el verano
y te faltan las viejas amistades.


Lo escribió Jon Juaristi, pertence a su libro Los paisajes domésticos y lleva por título, claro, Las viejas amistades.

Por cierto que nos vamos a Barcelona y de ahí a la Finlandia oriental.
Pero hoy, ya ven, no tengo ganas de nada.

30.7.09

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Tan fuera del tiempo.
Tan fuera de la historia.
Tan enloquecidos.
Una banda nacionalista de extrema izquierda.
Compasión con las víctimas y con sus familias.
Desprecio eterno a estos hijos de puta.
Y tener bien claro el orden de los factores
Eta asesina. Nacionalismo vasco, culpable...

PD: de nuevo, César Vallejo. Ahí va su poema, Masa. El primero que leí de él, en primero de bachillerato, cuando en España había algo parecido al bachillerato:

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

10 de noviembre de 1937