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28.5.25

Trenes, ¿Para qué?

Es una broma lo de RENFE. Ahora resulta que toda la línea para llevar pasajero a ver las luces a Vigo es rentable, excepto el tramo de Sanabria AV. Nos toman por idiotas. Y la sociedad civil sigue protestando: bien por Bárbara, en nombre de tantos que pueden ir allí por el tren...  

Es lo que tiene poner a un postcomunista al frente de una empresa pública..

26.5.25

En lucha por el ferrocarril

No se juntaba tanta gente en la mi tierra desde el siglo XVI. Casi cuatro mil personas en el PAET de Otero para defender las frecuencias mínimas para poder utilizar el tren. Inquietud en Portugal. Una decisión política del ministro-matón para el acalde-decrépito. Y RENFE se limita a decir "hágase."

Pero les está saliendo mal. No se puede apostar -de manera pomposa- por el reto demográfico y luego hacer estas cosas con alevosía y estivalidad. 

Les va a salir mal. 

22.4.15

A vueltas con el AVE (III)

El territorio, decíamos. El error fue apostar por la Alta Velocidad, ¡ay esos partidos en los palcos de primera división y el poder de las constructoras!. Es posible que en muchas líneas hubiera bastado con modernizar las líneas para que los trenes alcanzaran simplemente el entorno de los 200 quilómetros por hora. Pero no, como llegamos tarde, llegamos a lo bestia. Trenes a 300 por hora en todo el país. Y, además, priorizando aquellos espacios donde el tren no era tan necesario: ya era fácil y cómodo llegar a Valencia por avión desde Madrid o desde Barcelona. Donde es necesario el AVE es donde más está tardando en llegar, en sitios como Extremadura, por ejemplo, o como Murcia. 

El drama del AVE es que sustituye a las vías convencionales, dejando a muchos lugares sin ferrocarril. Ahí tenemos el ejemplo de la mi tierra sanabresa. Luchando porque no desaparezca la proyectada estación de tren. Una estación que da servicio al corredor Braganza - La Bañeza. Si no la hacen, en Sanabria ya no habrá tren, ni para ir a Galicia ni para ir a Madrid. No es un parada de AVE lo que demandan (demandamos), es una parada de tren. Simplemente eso. Una parada en la que paren algunos de los trenes que hacen los trayectos entre Madrid y Galicia. España no es sólo Madrid y las costas. Aunque esto a veces sea complicado de entender cuando tu mapa mental es el ministerio de lunes a jueves y los viernes a la playa. 

En fin. 

17.6.13

El chocolate del loro en versión ferroviaria...

"El tren, a las puertas del rescate", llevaba por título el reportaje del suplemento económico del Mundo ayer domingo. Los datos que da son, en general, escalofriantes: la alta velocidad española tiene una deuda de más de veinte mil millones de euros. Ninguna línea es rentable. Ninguna. Y no lo son ni aunque descontemos el coste de amortización de la infraestructura física. Ni aunque dejáramos de contar el coste del material que corre las vías. A mayores, todas las previsiones de viajeros estaban infladas. Todas: de 3,6 millones de viajeros a Valencia a la dura realidad de 1,8 millones. Y así con todas las demás. La estación de Zaragoza debe 400 millones de euros. El túnel de Pajares, aún sin acabar, ya está costando el doble de lo presupuestado. Dos tercios de la estaciones no llegan a los trescientos pasajeros diarios...

Podríamos seguir. Hasta el aburrimiento.

Con datos tan tremendos, uno no puede dejar de fijarse en lo más patético de todo. Lo más lamentable. Lo más increíble. Nuestros dirigentes políticos se han puesto serios y han decidido afrontar de una vez este sindios, atacando el coste de las líneas de media distancia. 

Así, se han puesto manos a la obra, serios, dignos, con la mirada en la lejanía, y han decidido ejemplarizar acabando con ese escándalo de que cada año se pierda algo más de medio millón de euros en una línea que comunica la España rural desde Valladolid hasta la Puebla. 

Parece una broma, pero es lo que hay. Qué grandes son todos.

Y qué mala es esta justicia, que trata de manera tan desigual a los desiguales optando por esa cosa tan humana de ser fuerte con los débiles, inane con los fuertes...

El corolario de esta farsa es que, para este viaje (en tren), no necesitábamos al Estado...


24.5.13

Cerrando el ferrocarril


Pero en efecto, hay otro factor a tener en cuenta en el caso del aterrador cierre del tren que une La Puebla de Sanabria con Valladolid y que yo tomaré esta tarde por última vez. El uso de la infraestructura. Los ciudadanos no se dan cuenta de que si los derechos no se ejercen, el poder se los acabará limitando. O suprimiendo. ¿Pero cómo explicar esto en un país de free-riders dónde todo el mundo cree que robar al común es éticamente aceptable.

A veces tengo la sensación de que predico en el desierto, es verdad. Pero no me canso de repetirlo: es importante usar los transportes y los servicios públicos en sitios rurales y periféricos porque sólo el uso legitima su defensa: no hay que desviar el correo a Madrid, porque algún día no habrá cartero. Hay que hacerse usuario y utilizar de manera habitual la biblioteca local,  darse de alta como residente temporal en el Servicio de Salud…

A mayores, pienso lo mismo con los servicios privados. Me parece lamentable (desde el respeto moral, está claro) esa opción de ir con el coche cargado desde la ciudad. El comercio mantiene la vida de estos pequeños pueblos. Son más caros, claro que son más caros: ¿De verdad alguien piensa que un pequeño comerciante tiene la opción de comprar la mercancía al precio al que lo hace Carrefour?

Cuando uno se acostumbra a vivir en la renuncia, en la miseria, acaba viviendo con miedo. Ya nos lo enseñó, yo era aún un niño, Roy Battly, una madrugada lluviosa en Blade Runner:



Vivir con miedo. 
En eso consiste ser esclavo. 

23.5.13

Más sobre el ferrocarril


El sábado hablaba con Mi Coronel del tren. Es hombre cabal y me planteaba objeciones de libro a mi protesta contra el cierre del ferrocarril que une la Puebla de Sanabria con Valladolid pasando por Zamora: poco uso, escasa rentabilidad incluso social. Ayer almorzaba con el amigo Kantor y, ante el cocido barandalero, me hacía objeciones similares: coste por viajero, la inutilidad de contabilizar el coste de una infraestructura una vez que está hecha…
Ambos tienen razón. Pero mi cabreo no viene por eso. Mi cabreo viene por la falta de equidad. Por el desigual tratamiento. Si hay que medir el coste, que se mida. Pero el de todos. Y todos los costes, no sólo el de la ratio ingresos viajero: también la pérdida de puestos de trabajo que genera la competencia desleal y subsidiada de la Alta Velocidad. Y es que uno levanta la vista y sólo alcanza a ver desesperación. Pura y dura. Ya no son los más de mil ochocientos millones de euros de desvío en la obra del AVE a Barcelona (localidad unida con Madrid por un puente aéreo que era un ejemplo para todo occidente), o las estaciones fantasma por las que nunca pasa nadie. Son las autopistas radiales. Claro que estaban infladas las cifras de la previsión de viajeros. Pero no pasa nada. No se cumplen y que pague el contribuyente. Autopista mala. Banco malo. Aeropuerto malo. Ese capitalismo español. A veces, tengo la sensación de que aquí el único que se ha jugado su dinero para crear una empresa he sido yo.

Pero cuando llega la hora de cortar por lo sano, el Estado sólo se atreve con los débiles. Con los que no se pueden defender. Con los lugares periféricos, donde no queda ya ni la sombra de los árboles bajo la que esperar el final. Lugares llenos de lluvia amarilla, donde la ciudadanía va desapareciendo porque ese espacio de solidaridad que nos dijeron que era el Estado nunca ha llegado a estar presente. Y mientras razono las atinadas críticas de mis interlocutores, no dejo de pensar en aquella coda con la que se cerraba una canción de los roqueros de Salvatierra: “mala es esta justicia, si por lo que a unos premia, a otros se los castiga”.