No me invento nada, y gracias a dios ahí están las hemerotecas para demostrarlo.
- Marzo de 2001. Casi doscientas mil personas manifiestan en Madrid su rechazo al “injustificable” trasvase del Ebro. Joan Saura encabeza la manifestación, junto con el gobierno aragonés en pleno. Alguno de los lemas coreados en la manifa destilan esa fina inteligencia que ha convertido, histórica y genéticamente, a la izquierda en muy superior a sus adversarios: “Aznar, enano, al fondo del pantano”.
- Septiembre de 2001. En un ejemplo clásico de lo que la izquierda entiende por “lealtad-y-sentido-de-Estado”, hay una manifestación en Bruselas con el lema “Ni un euro para este Plan Hidrológico”.
- Abril de 2003. En Barcelona. El lema de la manifa era “el río es vida, no al trasvase”. A la cabeza de la misma, un tal José Montilla, primer secretario del Partido de los Socialistas, y un tal Joan Saura, presidente de Iniciativa por Cataluña. Nueva cultura del agua y tal. El manifiesto leído imbricaba, con la sagacidad propia de la izquierda española, churras con merinas con esa alegría que nace de la ignorancia: “El agua no es una mercancía. En Irak se hace la guerra por el petróleo y por el agua; y, mientras las bombas caen en Irak, el chapapote nos recuerda las razones”.
Son sólo tres ejemplos. Hay muchos más. De una legislatura terrorífica en la que a la izquierda le parecía insultante que en un parlamento legítimamente capacitado para ello, el centro derecha tuviera mayoría absoluta. Así que sacó la oposición a la calle.
Pocos años después, la realidad es enternecedora. Lo que jodía a los nacionalistas catalanes del trasvase no era la ecología, sino que el agua se fuera para el resto de España. Y ahí está el mismo Baltasar, tan ecologista cuando había que evitar que el agua del Ebro fuera a Almería, buscando palabras para llamar de otra manera al trasvase.
El mismo Montilla, tan fino él, habla ahora de traer el agua “de dónde sea”. El mismo Saura, tan ecologeta, tacha al gobierno central de desleal por negarse, ya veremos por cuánto tiempo, a autorizar un trasvase.
Hay que tener la cara como el cemento armado.
Menuda credibilidad la de los politiquillos catalanes.
Menudo caudal mínimo y menuda ecología. Si yo hubiera sido tan pardillo como para salir a manifestarme contra el PHN me sentiría estafado. Menos mal que me ahorré el ridículo.
En fin, Hospitalense lo expresa mejor que yo. Y recuerdo también las conversaciones con los amigos del pepé de las tierras del Ebro al respecto.
PS: [Durante el verano de 1865] empezó así entre los expertos a hablarse de “asuntos comunes” entre el Imperio y Hungría y de asuntos “propios” húngaros, y a deslindarse ámbitos de funciones y competencias (en materias como aduanas, comercio, monedas…).
Sosa Wagner Francisco y Sosa Mayor, Igor: El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España. Editorial Trotta, Madrid, 2007. Página 84



